lunes, 17 de marzo de 2014

8 apellidos vascos de “soca-rel”



Estaba viendo la película, riéndome con las escenas y escuchando las carcajadas del resto de espectadores cuando de pronto la historia con mayúsculas se me vino encima y cesé en mi regocijo. Durante unos minutos me quedé como traspuesto. Y volvió a mí una sensación que en los últimos tiempos no ha parado de crecer.
Una sensación que se presentó un día, cuando, ya en democracia, surgieron fuerzas políticas nacionalistas con un planteamiento rupturista hacia España. Hasta ese  momento, con la Dictadura, estos anhelos nacionalistas estaban larvados. Inexistentes. Y la lucha criminal de ETA era la excusa perfecta para que siguieran larvados.
Al despertar con las libertades, como no podía ser de otra manera, causaron una reacción. Una reacción, más o menos de la misma fuerza y de sentido opuesto. A partir de ese momento mi sensación de que este asunto no se ha tomado en serio por parte del los españoles procedentes del resto de España, incluidos los residentes y vecinos en estas dos autonomías históricas, le pese a quien le pese, lo de históricas, digo, no ha parado de crecer.
Allí estábamos, riéndonos con una película divertida, llena de topicazos, a ratos muy ocurrente, y ambientada en una zona del país en la que han muerto asesinados concejales elegidos democráticamente. Y no hace ni siglos, ni muchos años. Antes de ayer, como quien dice.
Podría decirse que nos reímos porque la situación está resuelta. Pero no es así. Las muertes han cesado, es cierto, pero el problema independentista sigue más vivo que nunca. Para muestra dos botones.
Uno. En el mismo País Vasco, las instituciones están casi llenas de representantes políticos elegidos democráticamente que tienen como objetivo primordial y nítido la independencia de Euskalerria y que piensan muy claramente que la lucha de ETA no fue una lucha criminal.
Dos. Recién salidas del horno unas declaraciones de Artur Mas en el sentido de que no descarta una declaración unilateral de independencia por parte de Catalunya, del Estado Español.
¿Eso da risa?
Podría decirse que nos reímos porque el problema está ahí pero que los representantes políticos españoles tienen la solución y están encarando el asunto con acierto y sentido común. ¿A cualo?
Precisamente son estos políticos incapaces, sin ideas, inoperantes, refugiados cual avestruz cabeza enterrada en su “no” permanente, los que hacen crecer en la población la despreocupación y la valoración incorrecta de lo que supone tener dentro del propio país a unos millones de compatriotas que no quieren serlo. Esto viene a ser como si en una familia un hijo con ansias de independizarse es desautorizado por el padre y éste dirigiéndose al resto de la familia les cuenta: Tranquilos, no sabe lo que dice, está en la adolescencia. Y resulta que el hijo tiene más de mil años.
¿Eso da risa?
Podría decirse que hemos hecho un ejercicio voluntario de olvido y ya no recordamos los terribles años, cercanísimos de la desmembración de Yugoeslavia, del calentito y crujiente de Crimea, para no caer en la cuenta de que un día de estos te puedes levantar y encontrar que tu país está saliendo en todos los noticieros del mundo por algo similar.
¿Eso da risa?
Resumiendo, la película trata en clave de humor un asunto peliagudo y doloroso y tiene todo el derecho del mundo. Lo que no sé es si los espectadores son todos conscientes de dónde puede ir a parar tanta risa.
No quiero amargarle a nadie la película pero creo que a los ciudadanos españoles del resto del Estado Español ya les ha llegado la hora de tomarse en serio y con respeto a aquellos que tienen ocho apellidos vascos de “soca-rel”. Y obligar con sus votos a los incompetentes políticos que tenemos en Madrid a encontrar una solución…que nos haga reír y no llorar.

sábado, 15 de marzo de 2014

Carnaval: El Gobierno disfraza los Impuestos de Comité de Sabios



 Que el carnaval haya coincidido con el paripé que el gobierno ha montado con la consulta a un comité de sabios sobre la reforma tributaria no es casualidad. A algún consejero de Montoro se le ha debido ocurrir: ¿Por qué no disfrazar los próximos cambios en el régimen tributario de consejos dados por un grupo de “prestigiosos especialistas en impuestos”?
Y claro, le ha pasado al gobierno como a esos sujetos que se disfrazan de dama perdida, que se emperifollan y se pintan como un cuadro de Oskar Kokoschka  pero se olvidan de depilarse las piernas y de disimular el paquete, que todo el mundo se ha dado cuenta de que son unos consejos y unas medidas fuertemente dirigidas por un partido de derechas que se dice liberal pero que no tiene ni un pelo de seguidor de Adam Smith que entre otras cosas dijo:

1) El Estado debería  impulsar e incluso imponer la educación pública de las clases trabajadoras.
“…. [government could] encourage, and even impose upon almost the whole body of society, the necessity of acquiring the most essential parts of education» Smith, Adam.  An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. Pg. 373. Modern Library Ed. New York: Random House, 1937.”

2) Advirtió que «ninguna sociedad puede ser próspera ni feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables».
"Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones. Tecnos Editorial S.A. Pg. 94 <No society can surely be flourishing and happy, of which the greater part of the members are poor and miserable>”.

Algo por otro lado comprensible, lo de buscar sabios afines, si se tiene en cuenta que los otros escenarios posibles serían poco más que dignos de enviar una banda de psiquiatras al Consejo de Ministros. A saber: Buscar  sabios de otra ideología que tras unos días de estudio le endilgaran al gobierno un plan de reforma de los impuestos que para sí lo querría IU o buscar un comité de sabios verdaderamente independiente que te dejara sobre la mesa un mamotreto que te complicara la vida al tener a buen seguro ideas u ocurrencias que para nada coincidirían con el rumbo económico de este gobierno servil y entregado al más fiero capitalismo.
Entonces, ¿A qué viene esta parafernalia? Estrategia pura y dura.
Se le dice al comité de sabios que no se corten, que carguen las tintas todo lo que puedan. Que el gobierno ya saldrá cual “Robín Hood” a enderezar el entuerto. Vamos como esos espabilados que contrataban a un delincuente para simular que atacaba a su pretendida y en lo mejor del atraco aparecía el pretendiente para salvarla. Polvo casi seguro.
Así se han descolgado con ideas como:
-Gravar, todavía más, la vivienda habitual. Algo que contribuiría a dinamizar la venta de viviendas por los cojones.
-Rebajar las cotizaciones a la seguridad social tres o cuatro puntos. Lo que contribuiría a vaciar las arcas de la seguridad social entre tres o cuatro puntos. Unas arcas rebosantes por ingresos y por perspectivas en un momento en el que el paro nos sale por las orejas.
- Tributar las indemnizaciones por despido. O sea te despiden y le pagas al Estado por ello. Algo que ni Margaret Hilda Thatcher en sus mejores tiempos.
- Bajar el Impuesto de Patrimonio. Algo que tiene muy preocupada a la mayoría de los ciudadanos españoles.
En general, subir los impuestos indirectos, que paga todo Dios, y bajar los directos que los paga quien tiene que pagarlos.
Estaba yo escuchando al jefe de los sabios hablar y no sabía cómo calificar su trabajo cuando se descolgó con eso de “no hemos dejado títere con cabeza”. Y entonces se me ocurrió: Jefe de títeres.
Bueno, no pasa nada, enseguida se han escuchado voces desde el gobierno quitándole hierro al asunto y dejando caer que era sólo algo consultivo, que por supuesto la vivienda habitual no se toca y bla, bla, bla, bla…. y tuve un “déjà vu”. Exacto, el de las eléctricas. Que amenazaron con subirnos un 11% y se quedó la cosa en un 3%. Repiten jugada.
 Siguiendo con el carnaval. Pasa el hombretón disfrazado de fulana y tú te preguntas: ¿Y por qué no se vuelca el gobierno en conseguir recaudar ese 30% que cada año se deja de recaudar, luchando más contra el fraude? Con lo guapo que estaría disfrazado de marinero o de cosmonauta. En vez de intentar engañarnos con ese mogollón de corrupciones sin afeitar que tiene y esos brochazos de sabiduría que se da.
Sin olvidarnos del paquete. Al que miramos con temor y le decimos: Resiste, se hace lo que se puede.
Lo que más me acojona es que en ná está aquí la Semana Santa y con Presidente de la Conferencia Episcopal nuevo.
¿Cómo no me va a doler España?

lunes, 10 de marzo de 2014

PODEMOS: Cuando el verbo se hace sujeto



En España hemos dado un estirón. Es lo que a mí me decían de pequeño cuando me encontraba mal. Y era verdad. Después de pasada la pequeña crisis había crecido unos centímetros.
España salió de los cuarenta años de ignominia y represión hace casi cuarenta años. Éramos gobernados a golpe de paternalismo y si hacía falta otros golpes, pues también. Vivíamos  en un país en el que nuestra opinión no le importaba al que mandaba.  Al morir el dictador Franco nos fue dado lo que se dio en llamar La Transición y que yo llamo la Transposición.
Como resultado de ello en el país empezaron a suceder cosas que parecían extraordinarias. El PCE fue legalizado, votábamos cada cierto tiempo para elegir a nuestros gobernantes, las diferentes regiones adquirieron categoría de autonomías y tenían capacidad para gobernarse y había en los quioscos revistas con tías en pelotas.
Teníamos democracia. Un poder legislativo, un poder ejecutivo y un poder judicial. En el 81 lo pasamos jodido pero sólo fue un sarpullido. Y éramos puestos como ejemplo de paso de una dictadura a una democracia de forma pacífica. Por fin estábamos en Europa. OTAN y la UE.
Además empezamos a trepar en las listas de los países ricos e industrializados. Le mirábamos de tú a tú a Francia y hasta nos poníamos gallitos.
Pero habíamos crecido mal y a destiempo. Llegamos a ser demócratas con indicaciones del dictador y con la aparente ayuda de los que antes le sirvieron a él. Eso marca. No se cerraron heridas y sobre todo no se enseñó al pueblo lo que quería decir ser demócratas. No se le enseñó a ejercer la democracia. Hoy no sé si de manera estratégica o si por descuido, no lo sé. Pero no lo sabíamos. Por eso ha pasado lo que ha pasado.
Mientras parecía que el país iba viento en popa a toda vela, los ciudadanos nos preocupábamos de nuestras cosas. Votábamos y a casa. Hasta la próxima. Había políticos de todas las tendencias. Ellos harían su trabajo.
De vez en cuando surgían corrupciones que nos escandalizaban y también parecía que una vez unos políticos y otras veces otros, pedían cuentas y se metía en la cárcel a los corruptos.
Como niños con un juguete nuevo. Durante otros casi cuarenta años.
Pero fuimos despertando del letargo y a no saber diferenciar muy bien un partido de izquierdas de uno de derechas. Nos costaba ir a votar. Los políticos no parecían ser de mucha confianza. Decían una cosa en campaña y después hacían otra cosa. Eso sí, cada vez eran más ricos. Pero no sólo los ministros y su presidente del gobierno. También lo eran los consejeros y presidentes de las autonomías y también los alcaldes de los ayuntamientos. Y sus familias. ¿Quién no conoce al menos a un alcalde que misteriosamente no se haya  enriquecido durante su mandato o mandatos? ¿Cuántos políticos hay en este país que lo único que han hecho en su vida es ser políticos? Y lo peor ¿Cuántos políticos han pagado por fracasar en su trabajo? Aquello olía a chamusquina.
Pero estaba lo de que el país iba a toda hostia. Eso callaba muchas críticas.
Hasta que llegó la crisis. La crisis del crecimiento de la que hablaba al principio. Y como era de esperar los políticos al huso ni supieron ver, ni supieron tratar el problema.  La crisis se ha paseado por nuestro país sumiendo en el paro a millones de personas, dejando sin hogar a miles, obligando a nuestros jóvenes a irse del país y menoscabar conquistas como la sanidad pública y la educación gratuita para todos los españoles. ¿Y mientras que hacía los políticos al huso? Pues seguían con su dinámica de elecciones y promesas falsas. Cobrando sus buenos sueldos, corrompiéndose a tutiplén y ejerciendo su profesión de una manera que algunas veces resultaba surrealista.
No me puedo sustraer a la tentación de contar lo de los 9 del PP en una votación en el Parlament catalán. Fue tal que así:

Se está votando si el pueblo catalán tiene derecho a una consulta en la que decidir sobre su soberanía o no. Una opción sobre la que el PP está en contra. Lo saben hasta los marcianos. Pues 9 diputados del PP votan que sí. Como lo oyen.
Después dicen que se equivocaron. Y escuchen la explicación que dan: Los confundió el jefe de “la clac” de su partido al dar las indicaciones. ¿No les pareció extraño, raro, de alta traición? ¿No son autónomos, con criterio propio? Pues no. Votaron que sí. Si están escandalizados mejor que no piensen en su sueldo y privilegios.

O sea estamos tal que así: La clase medía desgajada, el poder legislativo en encefalograma plano, el ejecutivo trabajando para en el futuro poder colocarse en empresas de postín y el judicial, salvo excepciones  a las que se da matarile, al servicio de los partidos de siempre. Y empieza el crecimiento.
Un 15 de mayo del 2011 nos levantamos con unos centímetros de más en nuestra estatura democrática. Las plazas de España se llenan de indignados. No fue un buen apelativo. Estaban indignados, pero eran ciudadanos que se quejaban porque aquellos a los que habían elegido para gobernar su país, el de ellos, no lo estaban haciendo nada bien. Y además eran unos corruptos. Después crecimos otro poco y dijimos que no a que algunos españoles engañados se quedaran sin hogar y además endeudados para toda la vida por culpa de unos bancos a los que previamente habíamos ayudado con nuestro dinero.  Era tan descarado el robo que desde Bruselas le llaman la atención al gobierno español.
Evidentemente el ciudadano español había cambiado.
La primera muestra de nuestra nueva altura democrática surge en Burgos. En el barrio de Gamonal. Unos ciudadanos le dicen al alcalde qué es lo que puede hacer en su barrio, de ellos, y qué no.
Evidentemente lo que estaba pasando es que por fin el ciudadano español echaba en falta el poder que no había ejercido durante todos estos años y que de pronto parece el único camino que hay para arreglar este desaguisado de incapacidad y corrupción de los políticos que asola el país.
Ejercer el poder ciudadano. Que cada ciudadano tome conciencia de que este país es suyo y que todos los organismos públicos, desde La Casa Real hasta el ayuntamiento más pequeño del país, están a su servicio. Empleados de la ciudadanía, con un cometido por el que cobran muy bien y en el que deben dar lo mejor de sí mismos.  Y del que deben rendir cuenta cada vez que los propietarios de este país, los ciudadanos, así lo exijan.
Empoderarse lo ha llamado la plataforma PODEMOS a este hecho.
Comenzaron pidiendo 50.000 firmas para saber si tenían el apoyo popular, han tenido más del doble. Han llenado los lugares a los que han acudido a explicar su proyecto. Y realmente no han debido dar muchas explicaciones porque este país ya está listo para tomar el mando de su destino.
Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, cabezas más visibles de este proyecto, lanzaron PODEMOS y los ciudadanos han entendido tan bien que han contestado NOSOTROS.

Lo que es raro y extraño es que ante esta petición clamorosa de los ciudadanos, ningún partido al huso, se haya aproximado a ellos, con la intención de enmendarse y ponerse a su servicio. ¿O no es nada raro y extraño y sí la reacción natural de unos representantes adocenados y obsoletos lejos de lo que significa representar al pueblo y escuchar sus peticiones?

jueves, 6 de marzo de 2014

La izquierda desparramada



 Siempre me ha sorprendido que siendo los ideales de la izquierda política tan claros y precisos: Conseguir bienestar social para todos en una sociedad justa y libre, resulte que ante unas elecciones, la cantidad de partidos de izquierdas que se presentan ganan por goleada a los de derechas. Desde la marabunta de partidos comunistas escindidos y por escindir, pasando por el grupo de partidos republicanos, hasta llegar a la diversidad de partidos uniobjetivistas exigiendo uno u otro derecho. Y los anarquistas. Más luego los acostumbrados.
Mientras en el lado derecho los dos o tres partidos permanecen sólidos y amalgamados.
Esto es un grave problema a la hora de conseguir un resultado que se plasme en representantes. El voto anda tan desperdigado, que unos por otros, la casa de la izquierda por barrer.
Esto es histórico en nuestro país. Sólo hay que echarle un vistazo a la Guerra Civil. Los partidos de derechas se cobijaron bajo el palio que la Iglesia le proporcionó a Franco y la Izquierda se paso toda la guerra a la greña, llegando hasta a matarse. La historia del POUM en Catalunya es una buena muestra (Google al canto).
Elección tras elección me preguntaba: ¿Cómo puede ser?
Hasta que me di cuenta de que no encontraba la solución porque miraba hacia dónde íbamos y no de dónde veníamos. Es decir, me decía yo: Si queremos comer, tener una casa, una educación y una sanidad, libertad y justicia, ¿por qué no vamos todos los de izquierdas, juntos? Era una pregunta errónea.

Porque yo pensaba con la cabeza sin tener en cuenta de dónde venía la orden de pensar. Daba por hecho que venía del corazón. Y no es así. La cabeza es una mandada, como lo oyen. Aquí quien manda básicamente es el estómago, el corazón y los órganos genitales, cojones y ovarios, en ese orden, por ahora. Teniendo en cuenta que lo de la jodienda no tiene enmienda, llegué a la conclusión que la respuesta estaba en el corazón y el estómago. ¡Exacto!
De ahí a encontrarme con la realidad y los sueños sólo hubo un paso. Hasta escuche cómo se rasgaba el velo que ocultaba la respuesta.
Trataré de explicarla.
En una manada de animales irracionales ningún miembro se cuestiona si ha tenido suerte en la vida o no. Cada uno apechuga con lo que le ha tocado. El macho fuerte y sano es el jefe de la manada, come, folla y duerme a su gusto y placer. El ciervo que nace débil y no puede correr cuando llega el león….pues a la cazuela. Los ñus atraviesan el rio Mara y el que cae entre las mandíbulas de los cocodrilos, cae, no se les ocurre poner un puente. Es decir naces determinado por el destino y ahí vives, te reproduces y mueres.
Como se puede ver es una forma de vida animal, conformada por la realidad y en la que el estómago es rey indiscutible.
Nosotros éramos así, al principio, cuando las cavernas.
Hasta que un día, probablemente un pringado, tuvo la idea: ¿Y esto porque tiene que ser así? ¿Por qué no podemos cambiar la realidad y que todos, al margen de dónde y cómo nazcamos tengamos derecho a una vida plena y digna? Nació el hombre de izquierdas, el revolucionario. Hablaba desde el corazón, y, claro, le pareció una idea cojonuda, y, claro, se puso a contarla, y, claro, a los que vivían cojonudamente no les pareció bien. Así que en cuanto lo cogieron desprevenido lo apiolaron. A partir de ahí la historia de la humanidad se ha ido repitiendo invariablemente. Han cambiado modos y escenarios, pero la esencia es la misma. Unos con el estómago y otros con el corazón.
Por eso cuando llegan las elecciones, las derechas lo tienen fácil: Hablan del estómago. Y el estomago sólo tiene una preocupación: Comer, y una sola solución: Comida.  Entiéndase comer y comida como metáfora maldita de la realidad que no se debe transformar porque nos favorece.  O como se suele decir: El estómago tiene una razón que la razón entiende muy bien.
Mientras que la izquierda que habla con el corazón es incapaz de coordinar un solo mensaje inequívoco. Hay miles. Y por lo tanto imposible una única solución. Por eso se dice que el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Resumiendo. El que no quiere transformar la realidad tiene un mensaje muy fácil: No transformarla porque me favorece, porque te favorece.
Mientras que el que quiere transformarla encuentra unas tropecientas maneras de hacerlo y cada una tiene un partido para defenderse.

Llegan ahora las europeas y ahí está el PP, enterito, hablando de estómagos,  a su lado los comensales nacionalistas con su bocadito y algún corpúsculo que quiere más solomillo. Y y’asta.
Ahora miremos la izquierda. ¿Qué me dicen? El PSOE, Izquierda Unida o Plural o Abierta, que no sé cómo llamarla, las izquierdas respectivas de las autonomías, las izquierdas reivindicativas aparecidas con las crisis, las izquierdas ecológicas y súmenle las escisiones, los republicanos, los anarquistas….todos con ganas de cambiar las cosas radicalmente y a su manera.
Y digo yo, ¿Y si las cambiamos un poco y de una manera que a todos  nos venga bien?
A todo esto. No pierdo de vista que donde hay estómago hay corazón y que dónde hay corazón hay estómago. Que un genio no soy pero de un guindo tampoco me he caído.

lunes, 3 de marzo de 2014

Hay una cosa que te quiero decir: De Bangladesh a Entre todos : La necesidad ajena y el espectáculo.



Ha sido una constante en la historia del ser humano lo de aprovecharse de la debilidad o miseria del de enfrente.  La compasión y la piedad no siempre han estado a la altura. No digamos la solidaridad. Y por constante, ha terminado aceptándose ese comportamiento indigno que entre los animales irracionales tiene su explicación pero que entre nosotros es difícil de comprender.
En España se ha practicado de manera alevosa e insistente con los emigrantes. Una parte de la sociedad los rechaza y pide su expulsión, la otra los acoge y crea asociaciones para ayudarlos. Y una minoría silenciosa, que es la que maneja el cotarro, calla y va haciendo. Causan problemas porque tienen el inconveniente de querer vivir, además de trabajar, pero se va sobrellevando.
Ahora con la crisis también ha brotado de manera harto evidente y vergonzante la explotación entre nosotros mismos. Se puede leer en los diarios ofertas de trabajo con periodo de pruebas sin remunerar, exigencia de los estudios de Ciencias Empresariales para repartidor de bollería, puesto de trabajo a 4 euros la hora, ofertas para prostituirse, etc., etc.
Indigna y sorprende que indigne, ahora que nos toca a nosotros, pero se termina por aceptar que si uno está apurado no va a andar repartiendo billetes.  Seguramente el que ofrece 4 euros a la hora no se está forrando. Necesidad aprieta. Así que la crisis nos da cogotazos y baños de desagradable realidad.
Pero no queda la cosa ahí. Todavía hay un escalón más de indignidad. Un escalón que lo marca el hecho de que haya semejantes que no es que exploten al indefenso y al necesitado, si no que explotan su indefensión y su necesidad, con los agravantes de que lo hacen públicamente y además se forran. Con el acicate de que se les va a ayudar se les atrae y una vez cazados son mostrados con todas las entrañas de su pesar expuestas para contemplación popular.

Pero hagamos un poco de historia. Corría el año 1971, un trozo de Pakistán se independiza, y claro, las pasa canutas. Entre eso y  los 500.000 muertos del ciclón Bhola, aquella zona, hoy conocida como Bangladesh queda totalmente destruida. No hay más que muerte y desolación. Los Beatles andan tonteando con Ravi Shankar y entre él y George Harrison tienen la idea de hacer un concierto benéfico para recoger dinero y ayudar a este país que acaba de nacer. Lo llevan a cabo en el Madison Square Garden, de Nueva York, próximo al lugar de los hechos.
No quiero aburrir. El concierto es un éxito. Se recoge dinero, se graba un disco, una película y se publicita en el mundo entero.
Pasado el tiempo, los posos son que Bangladesh siguió jodida y que los grandes beneficiados son los artistas y todo el mercadeo que se montó a su alrededor. De esto se tomó buena nota y en aquel momento nació el artista benéfico, llamado así porque hace conciertos en que el primer beneficiado es él, vía venta de sus discos  o alimentación de su ego. Paradigmas de esta loable actividad son Sting y Bono, el irlandés, que si han enderezado algún entuerto es discutible pero lo que no lo es, es que han ganado fama y publicidad gratuita. Unos linces. Pero no sólo los artistas se dieron cuenta de este filón. Se dio cuenta toda alma ávida de dinero y fama. Además con tanto desgraciado y mísero que hay por el mundo la veta era inagotable.
De esta manera las televisiones, los países, las organizaciones no gubernamentales, los partidos políticos y cualquiera que necesite un empujoncito para su negocio se monta algo benéfico para ayudar a cualquiera y listo.
Por supuesto no todas las obras benéficas son indignas y vergonzantes. Las hay admirables y dignas de todo el respeto del mundo. ¿Qué cómo distinguirlas? Muy fácil. Tómese a Vicente Ferrer, a Teresa de Calcuta, a Médicos sin frontera, a Amnistía Internacional, a cualquiera de los sacerdotes que en Sudamérica y en las periferias de las grandes ciudades españolas se están batiendo el cobre con los abandonados y pobres de nuestra sociedad y compárese con el sujeto en cuestión. Si es parecido o se le acerca, es válido. Si no, es uno de esos mercenarios de la caridad y la solidaridad.
Como los dos casos punteros que voy a analizar a continuación.
Son dos programas de televisión, vergonzantes y asquerosos hasta decir basta.
Uno es “Entre todos”, en la TVE 1 por las tardes, y el otro “Hay una cosa que te quiero decir” de TV5.
La presentadora de “Entre todos” hace unos días cometió una equivocación y le dijo a una chica maltratada por su marido dos o tres estupideces relativas a aguantar el maltrato. Le han llovido las hostias por todos lados, hasta una articulista de El Mundo en la edición de el viernes 28 de Febrero decía que vomitaba sobre ella, literalmente. A mí esta reacción me ha sorprendido no por inmerecida si no por tardía, ya que esta presentadora con la excusa de que ayuda a necesitados, cosa que me parece muy bien, se ha montado un programa con el que se está forrando ella y la cadena de televisión.
No me resisto a describir el escenario en el que se lleva  a cabo la exhibición. Un plató normal de televisión, con una gran pantalla y la presentadora paseando arriba y abajo. Comienza el show. Aparece el rostro de la víctima. Casi siempre un ser humano tan necesitado, tan acongojado, tan puteado por la vida que ha roto todo pudor para estar allí. Para conseguir dinero, generalmente. Rostro en primer plano para que no nos perdamos detalle de su dolor y sufrimiento. Y entonces la sacerdotisa con un paternalismo asqueroso, manejando términos como “cariño mío”   “preciosísima”   y con una sonrisilla de triunfo comienza a hurgar en la desgracia de la víctima, lo quiere saber todo. Se regodea durante unos minutos que a la víctima se le deben hacer larguísimos con algún que otro comentario que la han hecho célebre y después cuando está saciada la curiosidad comienza la ronda de limosnas. Los oyentes van llamando y poniendo su granito de arena. Cada limosna es vitoreada y no puedo por menos que pensar en ese toro que es banderilleado y a los aficionados lanzando olés. Se consigue el objetivo y a por otra víctima.
En el otro programa, “Hay una cosa que te quiero decir”, el mecanismo es prácticamente el mismo. No hay una gran pantalla porque en este programa la víctima está en directo, pero los primeros planos de ella y el silencio que el presentador maneja con una maestría mefistofélica son obscenos. El mecanismo es el siguiente. Un ser humano, que si en el otro programa necesita dinero, en este necesita cerrar una herida de una traición, de un olvido, de un abandono…..en fin una herida del alma que le hace la vida muy dolorosa e infeliz.
 Esto el presentador lo va contando con pelos y señales mientras va paseando por el plató. Parece un negrero vendiendo esclavos. De vez en cuando se detiene, en un pasaje escabroso normalmente, se hace el silencio y primer plano de la víctima, con la consabida pregunta para apuntalar la realidad de la desgracia. No debe quedar duda al respecto y así quince o veinte minutos. Hasta que por fin llega el momento de saber si la persona buscada, anhelada, amada ha decidido atender a la carta y venir al programa o no. Pero antes, dice el presentador, unos consejos publicitarios. Y te quedas ahí, con la historia de la niña prostituida que quiere saber si su madre la abandonó adrede o no, rondándote el corazón, y  escuchando que el mejor champú para mantener el cabello sedoso es X. Momento especialmente asqueroso del programa.
 Se acaban los consejos, y sí, la persona buscada y encontrada por el programa acepta la invitación. Llega, se  sienta al otro lado de un muro. Y de nuevo el presentador desgrana todas las desgracias acaecidas, hurga una y otra vez, silencios, primeros planos del estupor, del dolor. Se abre el muro en forma de sobre. Momento álgido. Más hurgamiento para satisfacción del pueblo. Al final se corre el muro y se produce el abrazo. Llantos desconsolados, abrazos, besos, los dos seres se quieren fundir y llega el momento cima de la asquerosidad del programa. Ese en el que el presentador los echa del programa, casi  sin darles tiempo a saciarse el uno del otro. ¡Puerta, que tienen que entrar los siguientes!
Muchos  dicen: pero van voluntarios al programa. Claro. Nunca olvidaré los años que viví en un pueblo de Andalucía cuando a las seis de la mañana, en invierno, en la plaza del pueblo se reunían los jornaleros también voluntarios, a ver si el capataz del cortijo tenía a bien contratarlos. O como ahora parece que mujeres necesitadas se prostituyen voluntariamente para sobrevivir. A un programa de estos uno va acuciado por la necesidad. Que menos, que no hacer exhibicionismo. Que menos, que no forrarse. Que menos, que ponerle toda la contención, todo el respeto que el dolor ajeno merece. Y no todo lo contrario. Ese mercadeo obsceno, pornográfico.
Esto es prostitución del dolor y la pobreza.
Unos seres implacables ganan dinero y fama con la exhibición del dolor y la necesidad de unos semejantes.
Al margen de que se consiga el dinero necesario o de que se encuentre al ser querido.
Hay otras formas y maneras.
A estos dos presentadores la frase de Vicente Ferrer: “Crees que vienes a salvar al mundo pero lo que vienes es a salvarte a ti mismo”, los ha debido confundir.