jueves, 17 de abril de 2014

España no caga nada.



Tal como suena. Ahora lo explico. Estaba yo escribiendo una reflexión moderada, bienestante y digerible sobre lo que les cuesta a nuestros dignatarios dimitir y la iba a intitular “Dimisión. Una asignatura pendiente”, y decía así.

 Dimisión: Acción de dimitir.
Dimitir: Renunciar, dejar el cargo que se desempeña.
Nada más. O sea, un día dimites y al siguiente no tienes que ir a trabajar...y, vale, puede que arrastres durante un tiempo el sambenito de haber fracasado, de ser un corrupto y un sinvergüenza, o de haber llevado a un país a la debacle, pero... bueno, algún coste tiene que tener el no haber hecho bien tu trabajo, ¿no?, digo yo.
Y Santas Pascuas. Y como el tiempo todo lo cura…..pasados unos meses o unos años…puedes intentar volver a lo que hacías si te apetece y ser otra vez un corrupto, un sinvergüenza o un incompetente…lo que te apetezca….incluso puedes intentar actuar correctamente.
Entonces, ¿Por qué en España no se dimite? ¿Por qué vivimos tan aferrados a los cargos? ¿Tan  simple y aburrida es nuestra vida personal que necesitamos el plus que nos proporciona un cargo para poder soportarla o soportarnos?
Tan parecidos que somos a los italianos y que poco hemos copiado en ese aspecto de ellos. En Italia la dimisión es tan cotidiana que en los años convulsos en los que había un gobierno cada mes, más o menos, seguramente te encontrabas con un colega y no sabias si acaba de dimitir o eso había sido ayer y hoy ya era otra vez ministro o lo que fuera, que podía llegar a pasar que dimitieses de ministro y acabases siendo Presidente de la República, Giulio Andreotti mismo. Yo esto siempre se lo he envidiado a los italianos, ese “savoir-faire”, esa desfachatez para admitir su debilidad humana.
A mí, para España, no me gustaría este vaivén italiano, pero una cosa intermedia estaría bien, sería de agradecer por los ciudadanos, que mejorarían su autoestima y empezarían a pensar que son más que meros “monigote pegado a una urna”.
¿Qué no es para tanto? Veamos.
Nuestros parlamentos autonómicos están sembrados de diputados, o sea representantes del pueblo español,  imputados en casos de corrupción. Y ahí siguen.
El presidente de la patronal madrileña, o sea representante de los empresarios madrileños, y vicepresidente de la patronal española, o sea la organización que representa a todos los empresarios españoles, dos cargos, está embargado por no pagar a Hacienda y la Seguridad Social. Y ahí sigue.
El Presidente del gobierno español o Primer Ministro, que representa a España allá por donde va, le mandó a Bárcenas, su tesorero corrupto, un correo en el que le decía “aguanta, se hace lo que se puede” y no ha cumplido la mayoría de las promesas que le hizo a los españoles para que lo votaran, dos cargos. Y ahí sigue.
El rey de España, que representa a España, como su propio nombre indica, por las cacerías a las que va y harenes, digo arenas, que pisa, tiene un yerno que es un golfo, imputado, a punto de ser juzgado y lo ha dejado irse a Suiza. Podía tranquilamente  abdicar, dedicarse a cazar mariposas en los Emiratos Árabes y dejar que su hijo pletórico y por ahora incorrupto sea rey. Pero no, ahí sigue. Y yo podía seguir así hasta llenar tres o cuatro folios DIN A4 con la minuciosa letra de Robert Walser y no acabaría.
¡¡¡Y no dimite nadie!!! Cuando en otros países te cogen haciendo una pildorilla y tienes que hacerlo. ¿Que somos una raza especial?
Animo a estos indignatarios públicos a que hagan de tripas corazón y dimitan, que los primeros serán valorados en su justa medida y tenidos como aventureros o descubridores de una nueva moral. Hasta se le puede dedicar una calle. O una Plaza. Plaza del diputado X que voluntariamente dimitió al ser acusado de corrupción y devolvió la vergüenza a un país. En fin, Pilarín, que la vida es un patín.

Bueno, pues acabada la reflexión, mi abuelo la lee y ni corto ni perezoso me dice,
-Muy blando, muy comedido para tanto golferio. Ahora verás.
Renqueando le veo camino de su Olivetti analógica y como inmediatamente oigo teclear pues me dispongo a esperar. A los pocos minutos esto es lo que me presenta ufano,

“España no caga”, leo en el título. Vamos bien. Veamos.
Durante la dictadura de Franco, nuestros problemas de transito moral, que no intestinal, no existían pues vivíamos inmersos en la mierda.  Conseguíamos sobrevivir porque nuestro olfato se había atrofiado y ya ni apreciábamos el olor nauseabundo de los plebiscitos al 99%, ni que el alcalde, el sargento y el cura del pueblo fueran gratis a todos los sitios, ni que el rico del pueblo fuese el más zoquete que una vez tuvo un ascendiente listo y que las mujeres necesitasen el permiso de su amo para vivir. Algunos, de olfato persistente, tenían que irse del país si no querían quedarse sin él, sin el olfato, digo. Otros iban de cabeza a las cárceles donde también olía a mierda, pero ésta de verdad, de la del culo, que es como más natural y con tener una ventana abierta desaparece. Y no la del alma, que ésta se pega y no hay manera.
Al llegar la Democracia, se impuso la necesidad de, lo primero, construir un buen sistema de alcantarillado que permitiera que toda la inmundicia de años pasados no nos siguiera inundando.  Todo el sistema fue llamado La Transición. Se creó una Constitución, un Estatuto de los Trabajadores, se dio licencia a los territorios para que cada uno limpiara lo suyo y a su manera. O sea, todo muy guay.
¿Pa qué? Pa ná. Está todo casi impoluto. ¿Por  qué? Porque no hacemos uso de ello.
¿Y qué pasa con la mierda? Que nos la aguantamos.
Estamos a punto de reventar.
No estamos acostumbrados a cagar en público. Nos cuesta. Se nos hace un nudo en el esfínter y nada. Y eso que hemos visto, por ejemplo, como los USA, país espejo por antonomasia, ha cagado hasta un presidente, Richard Nixon se llamaba. Pues nada, nosotros estreñidos. O como en Alemania, que cagaron a otro presidente que después resulto que no era una mierda, Christian Wulff se llama, pero con los alemanes ya se sabe, el orden es el orden.
No estamos convencidos de nuestro cuerpo democrático. Nacimos dictados y las maneras y costumbres de los demócratas no son aún ajenas. Ciertas partes de nuestro cuerpo no funcionan bien. Como si no estuviéramos bien engrasados. El intestino público cada vez está más lleno. La mierda se garra a los bancos de los parlamentos, a los sillones de los ayuntamientos y demás acomodos públicos como si fuesen lapas. Se impone que el resto del cuerpo empiece  a apretar. Si no, el peligro se implosión puede ser terrible. Destructor al máximo. Porque cuando eso reviente, el sistema de alcantarillado no va a dar abasto y las consecuencias van a ser imprevisibles. Un hedor terrible.

-Abuelo- le dije- esto no puede ser.
-¿El qué? ¿Lo que he escrito o lo que está pasando?
No supe que contestarle y tuve que admitir que las dos reflexiones se complementaban. Pero surgió un problema. ¿Qué título le pondríamos?
-Yo creo que el mío es más adecuado. Se entiende y no da para descalificaciones por grosería y demás atentados contra el buen gusto-le dije.
A lo que el argumentó,
-¿Quién paga con su pensión esta casa en la que vivimos?
Me convenció. Por eso esta reflexión se llama como se llama, no por otra cosa. Yo he añadido “nada” al título, por añadir algo.

lunes, 7 de abril de 2014

El friqui como unidad de medida



El friquismo es una tentación siempre presente en el ser humano. Este comportamiento se caracteriza por falta de conveniencia, falta de responsabilidad, indiferencia ante el ridículo y un desprecio total por las normas. O sea lo que viene a ser la conducta de un niño hasta cumplir los seis o siete años, edad en la que empieza a guardar cierto recelo y respeto por el comportamiento de sus semejantes adultos.
Lo de la provocación, en el friquismo, no lo veo como algo esencial. Creo que es un añadido que ha traído la actualización de este tipo de personas en el siglo XX. Momento álgido de estos individuos. Así como cualquier actividad comercial ha tenido que evolucionar para estar presente en el mercado, objetivo ineludible para cualquier negocio, el friquismo, una vez descubierta su faceta crematística y social, se ha sumado a lo de prosperar o morir. Porque en el pasado el friqui huía de la presencia de sus semejantes y si se veía  obligado a permanecer entre ellos adoptaba actitudes huidizas e incluso propias de autistas.
Mientras  esta actitud se ha mantenido como algo marginal, dada a la ridiculización y los miembros que la adoptaban eran tenidos por retrasados, tontos, idiotas, imbéciles, ignorantes, alelados o simplemente gilipollas pues ha carecido de atractivo para el resto de los seres humanos y muchas veces han sido expulsados del seno de la sociedad o incluso crucificados.
Con la llegada de los medios de comunicación a las masas, estos individuos no saltaron rápidamente a la fama, e incluso en los comienzos parecía que adoptaban ante estos medios una posición semejante a la que tenían en sociedad, residual y en plan secundario, de relleno. Pero ha sido en estos últimos lustros, dado que empezaban a levantar expectación y a elevar las audiencias, cuando la caza y contrato del friqui se ha convertido en una epidemia. Aparecen como setas y muchas veces se puede uno dar cuenta de que hacen profesión de fe. Con lo que no me extrañaría nada que un tiempo cercano se creen escuelas para aprender a ser friqui.
Pero no es mi intención dar aquí una charla sobre esta actitud frente a la vida, no. Yo de lo que quiero hablar es de cómo cuando una corriente se crea es inevitable que se lleve girones de vida, incluso vidas enteras o que influya de manera determinante y alarmante en diferentes sectores de la sociedad o en personas de elevada responsabilidad en dicha sociedad.
Pasa con todo y se llama crear tendencia.
Por poner un ejemplo: no hay manera más incomoda y antiestética de ponerse la gorra que cómo se la pone Neymar, el jugador del Barça, y sin embargo hoy es habitual ver a muchos jóvenes y no tan jóvenes haciendo el ridículo y con la gorra a punto de caérseles.
Pues con el friquismo pasa algo parecido. Esta actitud ya de por sí es muy atractiva. A todo el mundo le encantaría ser friqui en algún momento pero no todo el mundo puede serlo. Para ser friqui se necesita nada y eso es algo muy difícil de conseguir porque todo el mundo tiene algo. Pero eso no es óbice para que, si no en su totalidad sí a ráfagas, caigamos en la tentación de friquear. Algo que con el éxito obtenido por algunos friquis se ha convertido en una práctica que comienza a ser habitual y alarmante. Alarmante cuando la tentación empieza a hacerse visibles en personas de cierto relieve.
Porque una cosa que no casa nada con el friqui es la responsabilidad. Es más, el friqui se pirra por la irresponsabilidad  y es uno de sus atractivos.
Y aquí es donde quería llegar. Que ya estoy. La tendencia al friquismo de nuestros políticos y mandatarios más señalados. Me parece que empieza a ser preocupante.
Cuando se acaba de darle un mazazo a la Doctrina Parot desde Bruselas, lo que traería como consecuencia la excarcelación de etarras que habían asesinado en Democracia y nuestro primer Ministro contestó: “Está lloviendo mucho”, ¿No es eso friquismo? Imagínense diciendo eso a Paco Clavel o a Fernando Arrabal, friquis con solera. ¿A que cuadra?
O cuando se le ocurre dar una conferencia tras una televisión de plasma. O cuando le manda un SMS de “aguanta se hace lo que se puede” al corrupto Bárcenas. O cuando se aproximan las elecciones europeas y todavía no ha decidido quién será el cabeza de lista. O cuando se rompen los discos duros con todo el asunto de Bárcenas. Y así unas cuantas. Claro que tuvo buenos maestros en  sus predecesores, en el partido y en el gobierno. Aznar rompió moldes de friquismo con aquello de “a mí quien me va a decir si bebo o no bebo vino”, que hubiera estado bien para un marinero recién desembarcado después de seis meses de singladura pero no para todo un Primer Ministro. O cuando se puso a hablar con acento mexicano en los USA, ¡híjole!. Zapatero nos dejó patitiesos con aquello de la banca más  solvente del mundo, o cuando nos dijo que no había crisis y ya estábamos acojonándonos. Como se ve todas estas intervenciones son más propias de los Morancos o de José Mota. En su faceta profesional, claro.
He puesto los ejemplos punteros. Porque en realidad cada día nuestros políticos no se cansan de surtirnos con  pecados friquis. El PP tiene un buen ramillete de friquis. Incluso hacen grupos para pasarlo mejor y van nueve diputados del PP y votan a favor de la consulta sobre la independencia de Catalunya. ¡Insuperable!.O la última, la de Doña Esperanza Aguirre. Huyendo de la policía municipal de Madrid. ¡Quién da más! En fin, Wert, Alonso, Cospedal, de Guindos, Floriano……..interminable. Claro que los socialistas no se quedan atrás. Pere Navarro es de los más adelantados. O  Gaspar Llamazares demostrando públicamente lo bien avenido que está con un partido en el que sigue militando y al que pone en boca de verduleras cada dos por tres. No me olvido del friqui real o de los friquis nacionalistas, sobre todo de los catalanes.
 Y esto, si se piensa bien, pone los pelos de punta. Porque estos individu@s manejan nuestro país, tienen en sus manos nuestro dinero y además les pagamos cojonudamente.
Seguramente habría que darles un toque de atención y decirles que si lo que desean es apuntarse a Sobrevivientes, a un Príncipe para Laura, a Sálvame o a parecidos paraísos para friquis que lo hagan. Porque no harían más el ridículo de lo que lo hacen ahora y lo que es mejor dejarían de jodernos la vida. Igual en las sucesivas citas electorales podíamos dejarles algún recado. Digo yo.
Mi abuelo se ha leído lo que acabo de pergeñar y se ha ido a mear pensativo. Cuando ha vuelto, me ha dicho,
-¿Entonces un friqui es unidad de medida en el Sistema Internacional o en el Técnico?.
-En el Internacional, abuelo- he contestado rápidamente y con seguridad, pensando en Berlusconi- En el Sistema Técnico un friqui equivale a un político. Pero no te lo aprendas, abuelo, porque el Sistema Técnico cada día se usa menos.


lunes, 31 de marzo de 2014

¿Qué se lleva Adolfo Suárez con él?



Me gustaría poder ser preciso y escribir aquí con cuatro frases que es lo que ha pasado estos días en España con la muerte de Adolfo Suárez. Porque ha sido algo más que el fallecimiento de un ex-presidente del Gobierno Español, sólo hay que recordar la muerte de Leopoldo Calvo Sotelo, también ex-presidente, y también ha sido algo más que el óbito de un personaje célebre aquejado de una enfermedad terrible, le pasó a Solé Tura, uno de los padres de la Constitución Española. Se nota que ha sido algo más en la larga cola de ciudadanos que han querido despedirse de su cadáver, en los llantos que se han podido ver, en los apasionados elogios que ha recibido, en la cobertura mediática, en las reflexiones de una u otra índole que se han llevado a cabo. Se puede decir que su desaparición significa para este país tanto o más que la de Franco. Cuando fríamente no es así. Un dictador que nos tuvo enterrados durante cuarenta años frente a un político que nos dirigió durante unos lustros. Ha sido algo más. Pero, ¿qué? ¿Que pilotó la Transición, que yo llamo Transposición? Podría ser. Pero la respuesta no acaba de convencerme. España ha sufrido estos días como una convulsión. Algo parecido a lo que le sucede a un bebé cuando comienza a andar y un día, de pie, se da cuenta de que la mano auspiciadora del adulto no está. Ese estremecimiento ha recorrido a los españoles. Nuestra reciente historia, hasta llegar a la crisis terrible que vivimos, ha sido como un andar hacia adelante, con trompicones y todo. Es decir, evolucionábamos. Mas de pronto hemos tenido que pararnos, yo diría frenarnos en seco, y comenzar a mirarnos. Y viéndonos como somos ahora, ha sido inevitable pensar en cómo éramos y de dónde veníamos. Estamos llevando a cabo, forzados por la situación, lo que se llama un alto en el camino.
He visto a los compatriotas hurgar en los contenedores de la basura y se me ha representado la metáfora del país entero hurgando, lo que no he sabido concretar es si hurga en el negro pasado, en busca de respuestas, o en el futuro, en busca de soluciones.
Quizás la respuesta de esta convulsión nacional ante la desaparición de Adolfo Suárez esté en que hurgamos en las dos direcciones con la misma imprecisión, el mismo desconocimiento y la misma falta de datos precisos. Algo, a todas luces, ilógico y preocupante. Y que Adolfo Suárez con su muerte viene a ser la representación de una oportunidad perdida. Aclaro: Que aún sintiendo la desaparición de Adolfo Suárez nos estemos más lamentando por la desaparición de alguien que nos deja desamparados y que probablemente se lleve con él alguna clase de solución mágica para salir de los problemas actuales. Alguien me dirá que es una tontería porque estaba aquejado de una enfermedad que le imposibilitaba de tal manera que era como si estuviera muerto. Poco podía ayudar. Poco, no nada. Hablo de símbolos, hablo  de esperanzas, más que de hechos.
Toda tu vida te has llevado fatal con tu padre, pero con su muerte queda claro que te vas a llevar peor. Sin posibilidad de enmienda.
Su fallecimiento en unas circunstancias más boyantes seguramente hubiera tenido otro cariz.
Es emocionante contemplar la marcha histórica de un país, la marcha conjunta, como si de un solo cuerpo se tratase. Esta marcha es muchas veces muy fácil de visualizar. Como por ejemplo el camino de Sudáfrica hacia el final de la esclavitud o el camino hacia la independencia de otros muchos. Pero el día a día de los países, como el de las personas, tiene mucho de rutinario y mucho de inexplicable. Se hace complejo, enmarañado, con etapas que avergüenzan y con momentos que nos llenan de orgullo.
Si Adolfo Suárez hubiese fallecido y los muertos que hay en las cunetas ya hubiesen sido recuperados y restablecido su honor en la misma medida que los muertos del bando rebelde. Y si los asuntos que acaecieron el 23F se hubiesen aclarado y explicado bien. Y si el régimen político que tenemos hubiese procedido de otras fuentes que no fuesen las del dictador. Y si. Y si. Y si. La muerte de Adolfo Suárez hubiese tenido otro cariz.
Pero la realidad es la que es y Adolfo Suárez se tenía que morir. Estaba muy pachucho. Nos hemos puesto a llorar a moco tendido, habrá calles con su nombre en muchas ciudades españolas, el aeropuerto de  Madrid le recordará durante lustros, hoy se celebrará el funeral de Estado en su honor, pero……
…también es posible que estemos llorando por lo mal que estamos, por lo mal que lo hicimos y a la vez convenciéndonos de que con ello tenemos que seguir viviendo, creciendo, haciéndonos un país adulto que va poco a poco entendiendo y aceptando que ser libres no es necesariamente ser felices.
Con todo eso y seguramente alguna cosa más ha tenido que cargar también Adolfo Suárez. Y todo porque inexplicablemente se fijo en él Juan Carlos, rey, que a su vez y de manera también inexplicable fue fijado por Franco, que éste sí de manera explicable y harto censurable se fijo a sí mismo durante cuarenta años de nuestra vida. Que descanse en paz, Adolfo Suarez, digo, al otro ya le pueden dar mucho por el culo, sinceramente.

sábado, 22 de marzo de 2014

La guerra está en otra parte



El planeta es un gallinero y como en cualquier gallinero, la supremacía la da la fuerza y el poder para ejercerla. Una fuerza y un poder que un día sí y al otro también hay que poner en valor. No hace falta decir quiénes son los gallos actualmente y quiénes optan al puesto de gallos futuros. Las gallinas lo tienen claro. Ni falta hace decir que Europa es una gallina vieja que pronto no servirá ni para caldo. Pronto en historia no es mañana ni pasado. Échenle medio siglo, lustro arriba, lustro abajo.
A los gallos les gusta además de montar a las gallinas mostrar su canto cada vez que hace falta y enseñar los espolones. Muchas veces sin venir a cuento. Con unas maniobras militares, al lado de las gallinas de los otros gallos, por ejemplo.
La desgracia, hasta ahora, y de manera implacable, es que sucedía que dos gallinas se peleaban por cuatro granos de trigo y enseguida venían los gallos con sus gritos y espolones y a los pobres polluelos los masacraban. Siria es, ahora mismo, un buen corral para ejemplificar este acontecer. El amor de la gallina llamada Bashar al-Assad por sus polluelos y de las gallinas rivales por los suyos ha obligado a los gallos a devastar el corral. Andan los polluelos que sobreviven piando desconsoladamente por los corrales de medio mundo.
Recientemente otro corral ha entrado en cacareos permanentes. Se llama Ucrania. El problema es que las gallinas no se ponían de acuerdo: Unas querían ser montadas por un gallo y las otras por otro. Han estado así un tiempo. Los gallos al acecho, echándole miraditas a las grupas de las gallinas.
Mientras ellas se insultaban y se escupían, no van más allá estas aves, que tocan más huevos de los que ponen, algunos polluelos se despedían del mundo de forma harto baldía.
Cuando ya parecía que las gallinas más dispuestas a romper con la falta de preservativos y de máquinas depiladoras ganaban terreno, la disputa recrudeció en una esquina del corral. Ésta es una esquina harto golosa pues es muy soleada y tiene salida navegable al mundo. Por lo que el gallo que llegó antes se la quedó.
Desde los corrales del resto del mundo las gallinas y los gallos con opciones contemplaban el berenjenal y se temían lo peor. Pues estos gallos son de lo más gallo que hay en este momento. Gallo cuello negro, gallo cuello blanco.
Pero parece que no va a ser así. Cuando se esperaba que en cualquier momento los polluelos empezasen a caer como moscas ha resultado que no.
Y ésta ha sido la gran y agradable sorpresa de esta pelea de gallos. Que parece ser que los polluelos van a poder seguir con su vida. Con otro gallo montando a las gallinas, pero sanos y salvos. Al fin y al cabo que más le da a los polluelos quién monta o deja de montar, si todos vienen del huevo.
Noticia muy buena ésta. El planeta ya está un poco saturado de polluelos danzando fuera de su corral.
Pero si no hay espolonazos ni picotazos, ¿cómo se las van a arreglar para hacer valer su supremacía?
Pues parece ser que por fin la globalización ha traído algo bueno y es que junto a la explotación que de la carne se lleva haciendo últimamente, también ahora se empieza a sacar partido a eso de tener el capital globalizado, y así  sucede que un gallo amenaza al otro con  escacharle los huevos que ha dejado por ahí diseminados y el otro al uno, pues parecido.
Así gallo cuello negro con la complicidad de gallinas de una lealtad esclavistas le ha dicho a gallo cuello blanco que alguno de sus huevos que andan por sus corrales, pues gallo cuello blanco es un poco cuco y va dejando huevos en corrales ajenos para que gallinas  de otros se los saquen adelante, quedan en observación, marcados y sujetos a posible fritura. Gallo cuello blanco ha contestado que el hará lo mismo, aunque es probable que no sean huevos si no gases lo que este gallo utilizará contra las gallinas favoritas de su opositor. Que dejara de peerse hacia ellas y su gas dejará de calentarlas. ¡Supera eso! Ha dicho gallo cuello blanco.
Y así andamos, como siempre, porque las guerras entre gallos  son cosa de huevos y malos gases. Lo esperanzador de esta vez es que los huevos y los gases son otros y por ahora sangre no hay.
Parece ser que debido a los avances tecnológicos llevados a cabo en los últimos tiempos los espolones y los picos de estos gallos mejor que no entren en danza porque son de un mal hacer aterrador. Dizque podrían destruir los corrales para siempre.
Asistimos pues  a una modalidad de enfrentamiento muy prometedora que aunque no tiene la bizarría de las grandes gestas y no dará para heroicidades, y se parece mucho a una escena de mandriles mosqueados, es contemplada con mucha esperanza por los polluelos que esperan que por una vez la guerra no vaya con ellos y esté en otra parte.
Una parte, que por otro lado, pone en evidencia que es lo verdaderamente preocupante para estos gallos, aunque anden siempre hablando de libertades, democracia y respeto a los derechos humanos de los pollos….un bla, bla, bla, bla que ya casi ningún polluelo entiende.
Mientras tanto,
Gira, el gallinero gira
en las calles, en la gente
corazones que se encuentran
corazones que se pierden,
alegrías y dolores de la gente como yo.
¡El gallineeeeeero, que no haaaaaaa parado ni un momento!