jueves, 11 de febrero de 2016

Izquierdas y derechas, SIEMPRE




(O de cómo se manipulan estos y otros conceptos)

Creo que hoy en día en que tanto se habla de la transversalidad es conveniente romper una lanza en favor de la total vigencia de los conceptos “derecha” e “izquierda”, aunque sólo por mor de evitar la turbiedad y le confusionismo que toda mezcla ocasiona.
Para empezar, el término con que se los combate y se los quiere finiquitar, esa transversalidad tan en boca de todos, para mí que tiene más que ver con ampliar el nicho de mercado que con otra intención. Y uno intenta ampliar el nicho de mercado de su producto, nótese las resonancias comerciales, cuando se percata que hay un mercado descontento con su producto habitual o cuando queremos ampliar el negocio.
Y eso trae como consecuencia la elaboración de un producto menos concreto, más indefinido, ambiguo, equivoco, con el fin de llegar a más clientes, perdón, votantes. O sea, la política ha bajado, mejor, se ha desplazado porque abajo ha estado casi siempre en este país, y ahora con la corrupción mucho más, al mercado. Al lado de las verduras, el pescado, la carne, los coches, los viajes de ocio, la ropa y los espectáculos. ¡Vótenme, vótenme! Ya no soy de izquierdas ni de derechas, soy transversal y si me votan además les daré…..en fin.
Y como casi siempre que te embaucan para que compres algo que no es lo que dice ser, pues luego vienen las reclamaciones. Sólo que en política…..se siente. Vuelva de aquí a cuatro años.
Así que mejor vigilar la transversalidad. Basta con rascar un poco con la mente y enseguida se ve el “llautó”* con el que está fabricado el asunto.
De izquierdas o de derechas. Como siempre ha sido. Incluso antes de que se inventaran los conceptos.
Y ahora voy con ellos.
Yo, siempre, bueno siempre, desde que empecé a pensar en política, he tenido un problema. No consigo explicarme que un hombre inteligente, de corazón honesto, decente y generoso pueda ser de derechas. Ahí debe haber algún otro componente que desestabiliza el compuesto. Un componente maléfico, que introduce la inestabilidad, la intención perversa. Quizás la ambición, la vanidad, la usura, el egocentrismo, que es la vanidad sin empatía, etc., etc., también puede ser ignorancia, que llevan a ese hombre al lado oscuro de la política. Dónde reposa el conservadurismo a costa de lo que sea, dónde todas las ideologías dan lo peor de sí mismas. Tanto las que comienzan con ideas de igualdad y solidaridad universal, como las que contemplan la desigualdad como algo natural e inapelable, y tienen la desfachatez de calificar esa desigualdad como fuente de progreso, de la competencia, la necesidad de ir más allá de la supervivencia y demás mandangas del liberalismo.
Y aquí entramos en la corrupción de los conceptos. Permítanme para mejor explicar lo que quiero decir que por un momento atrape dos conceptos que también, corrompidos, son utilizados en nuestro tiempo, uno, como si estuviéramos en la Edad Media y el otro como si nos moviésemos en el siglo XIX.
Son los conceptos  “monarquía” e “independencia”.
Hay compatriotas que a la hora de pedir la republica frente a la monarquía, da la impresión de que Alfonso XII, Alfonso XIII y la reina regente María Cristina andan todavía sueltos. Y no es así, hace tiempo que ellos y lo que representan está muerto. Hoy en día las monarquías europeas son monarquías que apenas intervienen en la vida política de sus países. Son meros representantes, casi comerciales, de su país. De la marca de su país. Incluso la nuestra, que es de las que más poder ejecutivo ostenta, no en vano Felipe VI es el Jefe del Estado y del Ejército, tiene un cuidado exquisito a la hora de hacer intervenciones.
Hollande y Felipe VI son casi lo mismo. Se diferencian en que es muy posible que ningún hijo de Hollande sea Presidente de Francia y la hija de Felipe VI, sí. ¿Y qué? Algún hijo de algún francés lo será, puede que incluso un hijo de Hollande, en los USA saben de eso, y en Argentina, y en Rusia que Putin parece eterno, o en Venezuela. Se trata de diferentes mecanismos, sólo eso.
Porque si hablamos de los gastos que ocasionan las dos instituciones, de los privilegios de familia, la cosa está muy igualada. Y si nos referimos a las repercusiones en el pueblo, ahí tenemos a las monarquías europeas, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, y las republicas por otro lado, Grecia, Portugal, Irlanda, Italia.
¿Alguien ve lo que estoy viendo yo?
Se puede pedir la republica por añoranza de otros tiempos pero no porque vaya a ser la salvación de la gente humilde y desamparada. No lo será.
Por la sencilla razón de que la fuerza que produce las desigualdades está en otra parte. Y es una fuerza de gran poder mimético. Se acomoda a cualquier color.
El otro concepto, el de independencia, le pasa tres cuartos no, un quilo de lo mismo.
Se enarbola la palabra independencia por parte de algunos de la misma manera que lo hacía Simón Bolívar o las republicas africanas cuando eran pasto de Inglaterra, Alemania, Bélgica, Holanda, España, Portugal i demás imperios, que lo fueron o lo quisieron ser, europeos.
Y no es eso.
Utilicemos la palabra independencia si queremos cuando se habla de nacionalismo catalán o vasco, pero pongámosla al nivel adecuado. Si no, parece que hay en Donostia mercado de esclavos y en Lleida minas explotadas desde Madrid. Algo fuera de todo propósito.
Hay que hablar de más autonomía, de adecuación de las relaciones, de respeto a las culturas autóctonas, de independencia fiscal, yo qué sé. Pero no de INDEPENDENCIA. Porque aunque parezca mentira Catalunya y el País Vasco son más independientes que dependientes.
Pues lo mismo pasa con el binomio izquierda-derecha.
Cuando, al revés que a las otras dos palabras, revitalizadas constantemente por intereses espurios y bastardos, aunque evidentes, a estas dos le pasa lo contrario, pero por inclinaciones de ética parecida. Se las quiere hacer desaparecer.
No existen las izquierdas y las derechas,
Y cuando tú, enfadado, intentas aclarar la falsedad de esa afirmación, haciendo ver lo que representan una ideología y otra, te salen con aquello de,
-¿Ah, sí!, pues mira a dónde ha llevado la izquierda a Cuba y a Rusia y a todos los países comunistas.
Entonces tú te armas de paciencia y con voz contenida les dices,
-¿Y quién te ha dicho a ti que la URSS era de izquierdas o que Cuba sigue siendo de izquierdas si es que lo fue alguna vez?
Aclaremos una cosa, el comunismo es una ideología de izquierdas. El liberalismo es una ideología de derechas. De ahí a que la URSS, que se decía comunista fuese de izquierdas hay un abismo. De ahí a que USA, que sí es de derechas, sea liberal hay otro abismo.
Se puede decir sin que haya ganas de polemizar que la URSS y USA se parecen más de lo que les gustaría. La explotación del pueblo, en uno obedece a planes quinquenales, y en el otro es algo continuo, en cadena.
Traduciendo, los poderes utilizaban en la URSS la ideología para putear al pueblo, y en los USA el dinero. El resultado no es el mismo pero tienen rasgos familiares.
Izquierda y derecha son conceptos diamantinos.
Suelo poner un ejemplo, que ya no recuerdo si lo he inventado yo o lo he leído. Lo más seguro es que sea lo segundo. Un ejemplo para entender lo que es ser de izquierdas o de derechas.
Allá va.
Hay una viejita que quiere cruzar un paso de peatones, con evidentes dificultades de movilidad.
Uno. Aparece un joven que la ayuda a cruzar. La viejita se lo agradece y el joven le contesta que ha sido un placer. La viejita está al otro lado y a salvo.
Este es un joven de izquierdas.
Dos. Aparece otro joven que la ayuda a cruzar. La viejita se lo agradece. Y le joven le dice: No, no me lo agradezca, son dos euros. Y la viejita le paga. La viejita está a salvo pero con dos euros menos.
Este es un joven de derechas.
Fácil, ¿no?
En ambos casos la viejita está a salvo. El problema en el segundo caso, surge cuando la viejita no tiene dos euros… que o se queda sin cruzar o pide un préstamo y se endeuda.
Suena, ¿no?
Como para decir que ya no existen izquierdas y derechas.
En nuestra vida diaria hay infinitos ejemplos de comportamientos sociales de izquierda y de derecha. En cada uno de nosotros. ¿Cómo puede ser que en política ya no estén de moda estos comportamientos?
Claro que están.
Como siempre han estado. Desde las cavernas.
Que la Iglesia haya ocultado los casos de pederastia durante decenios es de derechas.
Que haya sacerdotes jugándose el tipo en los barrios marginales de las grandes ciudades es de izquierdas.
Que se pelee desde los cargos públicos para que la sanidad y la educación estén al alcance de todos gratuitamente es de izquierdas.
Que se quiera convertir esa sanidad y esa educación en una actividad comercial es de derechas.
Que se limite la capacidad del pueblo para expresarse es de derechas.
Que se faciliten lugares de expresión y comunicación del pueblo con sus representantes políticos es de izquierdas.
Que los políticos cobren un sueldo en consonancia con el SMI es de izquierdas.
Que los políticos tengan privilegios sin cuento y no tengan que dar cuenta de lo que hacen es de derechas.
Y así con todas y cada una de las actividades que los seres humanos hacemos cada día.
O sea, hasta una monarquía puede ser de izquierdas... al menos de forma parcial. Lo mismo que un presidente de una república puede ser de derechas, muy de derechas. No hacen falta ejemplos. Sobran.
Siempre habrá izquierda y derecha porque al fin y al cabo ser de un lado o del otro es la forma que tengas de entender la vida entre los hombres. O de una o de otra.
Otra cosa serán los paraguas bajo los que te cobijes.
Así pues, no confundamos.
¿Qué casi hablo de moral en vez de política?
Pues claro, pero es que la política ¿no es ese lugar en que intentamos casar moral y legalidad?
Ese lugar donde la ética toca constantemente pero esta pareja no siempre encuentra la armonía para danzar, y algunas veces se pisan o  no encuentran el paso.
Y aprovechando, van algunos y confunden.
Confundir. Una actitud netamente de derechas.
Y vuelta a empezar.
¡Que no pare la música!


*En Catalunya para expresar que te quieren engañar y venderte algo aparentando lo que no es, se recurre a la expresión “se li veu el llautó” Por ejemplo a los Pujol ahora se le ve mucho “llautó”, que en el caso del PP sería latón u hoja de lata. O sea, este país más que “piel de toro” podía perfectamente ser “piel de hoja de lata”, políticamente hablando

martes, 22 de septiembre de 2015

Grecia.La serie: Domingo, último capítulo de la por ahora última temporada.




Este post es un collage sin pies ni cabeza pero con mucho sentido, común y pésame. Por Grecia y todos los que somos de países como Grecia.
Este domingo pasado se ha cerrado sobre Grecia el famoso collar que había que ponerle al gato de las esperanzas griegas. Y paradójicamente se lo ha puesto el hombre que alimentaba esas esperanzas. Con el triunfo de Syriza se le da carta democrática a la presa que el buitre del Capital ha hecho sobre este país y sus ciudadanos más humildes.
Yo hace meses le voy dando vueltas a lo que está sucediendo en Grecia y no porque no tenga otra cosa que hacer si no porque a este país le han hecho lo que podían hacerle al mío. Y ya se sabe uno el refrán: Cuando a un país veas esclavizar pon el tuyo a correr, a las trincheras, en pie de guerra… o algo así.
Hace un tiempo escribí esto:

El crimen ya cometido. Grecia: Maquiavélica lección de El Capital.
Maquiavelo se hubiese descubierto ante los cerebros que manejan la llamada Troika, en el pasado episodio de enfrentamiento entre el gobierno griego y este grupo de mercenarios habilidosos e implacables, a sueldo de El Capital. La derrota griega ha sido espantosa. No les ha salido nada bien. Y lo que es mejor para ellos, para los mercenarios, y suma dificultad a la hora de valorar los damnificados: No hay muertos, aunque sí mucha infelicidad y pobreza.
Siempre hay un desgraciado por antonomasia en los momentos comprometidos. En esta situación que vive Europa le podía haber tocado a Portugal, a Irlanda, a Islandia, a Italia, incluso a nosotros…hubo un momento en que tuvimos muchas posibilidades… éramos una pieza perfecta para el escarmiento… un país grande, medianamente rico, en la mitad alta de la tabla, con ínfulas….pero la victoria en las urnas de un partido servil al capital contribuyó a que su punto de mira se desviase…. y ya sólo quedó Grecia.
El Capital es como el agua, pero discurre más, si se me permite la gracieta. Es decir, el agua no tiene más aliado que la gravedad y a ella se encomienda. Y por mor de ella siempre busca los caminos por los que puede fluir y si no los encuentra queda embalsada, a la espera de la evaporación o la filtración. O el consumo. El Capital, no. A El Capital no le gusta permanecer embalsado y menos evaporarse. Lo de consumirse no es que no le guste, pero tiene sus preferencias. Lo que sí es cierto es que si no tiene camino, lo hace. Cueste lo que cueste. Y en Europa llegó un momento que esta bestia inmoral e inhumana no se encontraba a gusto. Demasiado esfuerzo para tan poco beneficio, entendiendo beneficio, en un razonamiento absolutamente ramplón y simplista,  como el hecho de que se invierte una cantidad de dinero para conseguir otra más alta, entre más alta mejor. Dejando al margen aspectos tan importantes como el bienestar de los hombres y mujeres, la conservación del ecosistema o la paz y la justicia social. Se imponía un abandono del escenario y la búsqueda de otros aires…y se montó la parafernalia de la globalización. Se nos vendió como algo positivo para los pueblos y los hombres, cuando en realidad, mientras para los pueblos y los hombres era un asunto de comodidad para El Capital era vital. Sin esta globalización su desarrollo se frenaba, se anquilosaba, se ahogaba…se debilitaba y podía surgir otra manera de evolucionar…..menos productiva.
Pero la globalización no arreglaba todo el problema. Y además no permitía toda la rapidez requerida. Demasiados intereses en Europa para abandonarla rápidamente. ¿Entonces? había que crear un modo de paliar las dificultades mientras se van cambiando los muebles.
Nótese la ironía del destino, que mientras a Europa llegan miles de refugiados de los países pobres, El Capital va abandonando Europa en dirección contraria.
Hablaba de cambiar los muebles. ¿Qué hacer mientras? Pues montar una crisis e intentar por última vez una regresión social en el continente que haga que El Capital se muestre cómodo de nuevo. Porque esa es la propuesta: O Europa se vuelve más cómoda para la supervivencia de El Capital… o éste se va. Llevándose lo que pueda.
Y ahí estamos, en plena guerra contra El Capital. Pero, ¿Y quiénes son los contendientes? Pues esquematizando las líneas de fuego, en un lado los que se sienten favorecidos por El Capital y sus leyes. Y por otro, aquellos que desean otra forma de vida más equilibrada entre riqueza, bienestar social y justicia. Y en medio el pueblo. Como siempre. El pueblo, maleable, manipulable, también él con sus debilidades, también él anhelante y dispuesto no siempre, mejor dicho casi nunca a eso de “mejor morir de pie que vivir de rodillas”. Morir duele. Un rompecabezas difícil de cuadrar.
Europa, mejor dicho los europeos, tienen dos caminos. O seguimos en el juego de la sociedad productiva y capitalista. Lo que indudablemente nos traerá días de penuria y sufrimiento. O decidimos cambiar el modelo de sociedad, convirtiendo en piezas arqueológicas conceptos como productividad y beneficio.
La revolución industrial hizo con los campos de trigo lo mismo que la revolución tecnológica ha hecho con las cadenas de montaje. Librarlas del hombre. En aquellos tiempos el hombre se fue a la ciudad. ¿A dónde irá el hombre ahora? ¿Volverá al campo? Pues no sería mala idea. Pero, ¿A hacer qué?
Y ahí lo deje.
Pero antes había escrito,

La deuda de Grecia. ¿Por qué se habla tan poco de los acreedores?
Sobre la deuda de Grecia se habla y no se para.
Está la teoría liberal: Las deudas se pagan. Si no cómo iba funcionar esto. Y sobre lo que es esto nadie da explicaciones.
Y está la teoría llamada de izquierdas: La deuda, cómo y porqué y por qué la tiene que pagar el pueblo si la contrajo una serie de gobiernos corruptos e incapaces.
Y ahí anda el asunto, a vueltas con el deudor.
Evidentemente las posiciones de uno y otro tienen sus argumentos. Parece claro que si alguien tiene deudas deba pagarlas y también parece claro que si el pueblo democráticamente ha elegido a sus representantes también debe cargar con lo que estos hayan hecho, mal o bien. Aunque no es menos cierto que una vez elegidos los gobernantes, controlarlos, redirigirlos,  censurarlos o despedirlos es tarea ardua cuando no imposible. ¿Debe ser responsable el pueblo de los desatinos de unos políticos a los que se elige pero a los que luego se le da carta blanca… o se la toman?
Y ahí lo volví a dejar.

Ayer lunes, lo volví a retomar pues el círculo  se ha cerrado. Y dentro se ha quedado Grecia con una deuda impagable que no preocupa nada a sus acreedores, que dinero tienen un montón…porque el objetivo de la Troika era otro. ¿Se acuerdan de la película Espartaco? ¿Recuerdan al protagonista crucificado y expuesto a la vista de todo el que pasaba por allí? Pues de eso se trata. Y Tsipras mal que me pese ha puesto los clavos. Y me pesa y mucho. Espero que aquí en España se haya tomado nota. San Pablo nos oiga porque a San Pedro y San Mariano se les han acabado las ideas si es que alguna vez las tuvieron y San Alberto ha salido de parranda por España, aireando como ideas nuevas las viejas ideas liberales de nuestras desgracias,  y nos demos cuenta de que si apostamos, apostamos. Con todas las consecuencias.

lunes, 3 de agosto de 2015

Cuento para los médicos de la política, los politólogos.



Un partido político es como un cuerpo humano. Tiene su corazón, su cerebro, unas extremidades para agarrar, otras para desplazarse. Algunos incluso tienen sexo, casi siempre masculino. Por supuesto tienen ano, por el que expelen las porquerías. Al PP, por ejemplo no le funciona nada bien. Hace tiempo que no tiene una buena cagada. Y en el intestino la mierda se le va acumulando. De ahí que su cerebro, ya de por si vacilante e impreciso, todavía titubee más, al hacer declaraciones, pues tiene puesta su atención en las tripas sobrecargadas. Está lloviendo, dijo. Con tal de no cagar, cualquier cosa. Claro que el PP siempre ha sido un cuerpo de los de antes, mucha comilona y poco ejercicio democrático le han puesto la decencia por los suelos.
Y como todo cuerpo humano, hay partidos jóvenes y pletóricos que se enardecen en las primaveras y hay partidos ya caducos, ancianos, algunos próximos a la senilidad, apergaminados y llenos de achaques.
Y está la sangre. La sangre es muy importante. Recorre el partido y lo nutre. Esto, en los cuerpos jóvenes se nota mucho. Y sólo hay que ver a los cuerpos viejos, como la sangre no les llega ni para pegar carteles y tiene que pagar para que se los pongan. Claro, como son viejos y endeudados con los bancos, pues se lo pueden permitir.
Los cuerpos viejos de nuestro país están aquejados de diferentes dolencias. Alguno estuvo mucho tiempo sin poder respirar, cuarenta años para ser más preciso, y cuando lo hizo y se lleno los pulmones de aire, lo primero que se le ocurrió fue borrarse del marxismo, que ya ves tú el daño que haría pertenecer a un club que ya casi ni tenía socios, que luego hasta se le cayeron las paredes, más en concreto el muro. Claro, que luego se apunto al club de la OTAN. Y ya todo fue de mal en peor. Hay otro que como siempre estuvo a la sopa boba, cuando hubo que pagarla pues fingió que lo hacía pero en realidad estaba con lo de siempre, lo que sus padres y abuelos le habían enseñado. Ahora está que no sabe si va o viene pero su intención es quedarse. Después hay otro que aunque tuvo los carrillos fuera parece que le sirvió de poco pues llegó apasionadamente desmadrado que hasta disfrazado se presento por aquí. Nunca se aclimató, estaba acostumbrado al frio de la estepa y el Mediterráneo le reblandeció el cerebro. Pobre, se invento una canción del  verano, El eurocomunismo la llamo, que como toda lo que tiene que ver con esta estación fue efímero.
También están los cuerpos de otras razas, que si tienen un hueso más, que si la genética es diferente. Meras excusas para llevárselo crudo, como buenos indígenas.
Sea como sea una cosa tienen en común estos cuerpos ya fatigados, lo poco que han cuidado la corriente sanguínea. Esa que mantiene la piel tersa, el corazón lozano y el cerebro despierto y sobre todo que ayuda a que las extremidades actúen para poder acercarse a las urnas, pegar carteles, hacer socios ...etc., etc.
Ahora con la llegada de los cuerpos jóvenes y con las sucesivas berreas electorales que ha habido pues parece que se han puesto a dietas primarias y se han hartado de potingues televisivos, a cual más esperpéntico, pero para algunos ya es demasiado tarde. Hay órganos deteriorados que ya no se recuperaran. Sólo hay que ver al viejo Pasok griego, con lo que fue él, y ahora anda por Grecia con un taca-taca y pañales para la incontinencia.
De esto, deberían tomar nota los partidos, digo cuerpos, jóvenes. Y más los que más alardean de cuidar la sangre que los ha puesto de pie. Cuando se es joven parece que se puede con todo y después sucede que si fumas, bebes en exceso o te metes debilidades humanas en vena, la sangre se deteriora y uno se convierte en un viejo aburrido y decrepito que ya no seduce a nadie. Además para ver lo saludable de una buena dieta y de una sangre sana, sólo hay que mirar a algunos cuerpos que acompañan a estos jóvenes partidos, cuerpos viejos pero que lucen muy bien. Y además en cualquier clima. Desde el seco de la meseta madrileña, al frio y brumoso de Bruselas pasando por el mediterráneo de Barcelona.
Resumiendo, la sangre es un bien muy preciado que si se cuida da su rendimiento pero que si no, enseguida se convierte en sangre de garrafa que cualquier televisión puede aderezar a su modo y manera y esto es muy malo.
Si algún politólogo no me ha entendido eso es que no aprovechó bien las clases y debería volver a las aulas y para los que me han entendido no estaría de más que como médicos de la política hicieran un intensivo sobre la sangre, que vendría muy bien para que después no nos liemos en la etiología a la que parece que nos abocamos si no lo remediamos.  Un master, que ahora están de moda.
De nada.
Posdata:
Se me olvidaban dos cosas.
Una. Los viejos son muy pellejos y algunos han aprendido a vivir sin casi sangre. A algunos jóvenes intentarlo le ha costado caro.
Dos. Para cambiar cromos lo mejor es ir la Mercat de Sant Antoni o a El Rastro, pero no a la Generalitat, no es buen sitio y además no está el horno para cromos.

sábado, 18 de julio de 2015

La desgracia de Grecia: En el Passeig de Gràcia.



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Grecia es un catalán que vive en uno de los barrios modestos de Barcelona, que acude al Passeig de Gràcia y deslumbrado por los escaparates que lo pueblan o amueblan siente el deseo de ser propietario de algunas de las lindezas que muestran. Mas no tiene capacidad económica. Pero como le han dicho de todas las formas posibles que en la acera de enfrente hay unos bancos dispuestos a dejarle posibilidades, pues cruza anhelante el asfalto y pide un crédito.
Con el dinero en la mano se encamina otra vez hacia la acera dorada de sus apetencias y decidido va a entrar en uno de esos cubículos soñados cuando alguien le toca el hombro. Que resulta que tiene que volver a cruzar el paseo, pues le toca pagar la primera cuota de su crédito. Lo hace y obsesionado con la otra acera, cruza de nuevo, tras pagar con dolor su primera cuota, pero enseguida cae en la cuenta de que aquel anhelado establecimiento ya no tiene nada que él pueda comprar pues con el dinero que le ha quedado después de hacer el primer pago no puede adquirir nada. Se resigna y busca otro establecimiento más asequible. Ya no estará en el Passeig de Gràcia pero estará cerca. Se conforma.
Enseguida, unos metros más allá, en La Puerta del Ángel, encuentra algo deseable. Olvidado el lujo del Passeig va a entrar ilusionado en este nuevo lugar, nido de las apetencias consumistas, pero, ¡Ay!, otra vez una mano toca su hombro. ¿Lo adivinan? ¡Exacto! tiene que hacer un nuevo pago……..Vuelve al Passeig de Gràcia, echándole una mirada de refilón a lo que deslumbra y ya no podrá ser, camino del banco. Hace su pago y se vuelve a ver en la calle y regresa a La Puerta del Ángel. ¿Adivinan otra vez? Ya, con lo que le queda, no puede comprar nada en esas calles que no anuncian la Catedral, próxima. Ha de dirigirse a un barrio más asequible.
Es fácil deducir dónde terminará nuestro catalán. Terminará comprando en su barrio lo que siempre había comprado pero con una deuda que le hará la vida un infierno. Sólo irá al Passeig de Gracia a acrecentar su desgracia.
Esto que acabo de narrar no es bien bien  lo que le sucede a Grecia pero es el alambre frío, implacable,  sin carne, sin vida que sostiene a los ciudadanos griegos. Barcelona no es la Comunidad europea, para suerte de Barcelona, y el ciudadano catalán no es el pueblo griego, aunque el banco si es el banco. ¿Se dan cuenta de que la labor metafórica ha sido posible con la ciudad y con el individuo pero se hace complicada con el poder económico? ¿Querrá decir esto algo? No sé, pero me tiemblan las piernas sólo de pensarlo.
El futuro del ciudadano catalán no le importa a nadie. Acabará dando su sangre para pagar la deuda o desahuciado debajo de un puente porque su capacidad de maniobra es nula. Nada le ampara. No significa una amenaza para nadie. Haga lo que haga. Barcelona seguirá incólume. Ni el valor de un microbio tiene nuestro ciudadano.
Pero para suerte de Grecia, Bruselas no está tan asentada como el Passeig de Gracia y la Comunidad Europea no tiene un ensanche tan cómodo y un paseo marítimo tan claro como Barcelona. Todo en la Comunidad Europea suena a falso, hasta lo que parece más evidente: Su alianza con el ultraliberalismo, que de liberalismo no tiene nada, pero algún nombre hay que darle a lo de siempre: La voracidad de unos pocos satisfecha a costa de muchos.
Es falsa, decía, su alianza con el ultraliberalismo por la sencilla razón de que el ultraliberalismo no se casa con nadie. Aunque hay políticos dirigiendo la Comunidad que parecen pensar que sí, cuando resulta que si miras el planeta desde la Luna ves guiños por doquier. Sobre todo hacia Sudamérica y el Sudeste Asiático, lo que puede querer decir que Europa entre en periodo de glaciación económico a no tardar mucho. Por muchos griegos, ahora, y vete tú a saber quiénes después, en Bruselas estén dispuestos a sacrificar.
Sólo hay una escapatoria para Grecia y es que las reglas del juego cambien. Pero para eso, primero tiene que haber un buen jugador en Grecia y Tsipras ya ha demostrado que no lo es y tiene que haber más jugadores dispuestos a no seguir jugando. Dispuestos a ir al Passeig de Gracia para pasear y comprarse un helado o una bolsa de comida para las palomas y sentarse a esperar que los edificios de los bancos puedan ser metaforizados porque ya su esencia admita parangón o símil. Y no acaparen con su función luctuosa cualquier posibilidad de esgrima literaria.
Porque la otra posibilidad, la de que nuestro ciudadano se quede viviendo eternamente yendo y viniendo del barrio al Passeig de Gràcia tiene el peligro de que se acomode y vaya diciendo por ahí que él es un romántico, seguidor de Keruoac, siempre en la carretera, o un amante del vagabundeo y le guste vivir en la puta calle. Porque entonces ya se sabe, o ya sabemos, que en España nos estamos preparando y ya tenemos una ley para eso. Privilegio que da tener un ministro del Interior en conexión directa con el más allá, dónde se debe explicar muy bien, porque lo que es en el más acá sólo el exministro Wert lo llevaba peor.
Una última cosa. No se crean eso que van diciendo por ahí de que el ministro alemán quiere a Grecia fuera del euro. Es un farol. Y lo de los cortafuegos, una bombilla. Resaca de la partida que Tsipras no tuvo el valor de jugar cuando a su pueblo es lo que le pedía el cuerpo. Lástima. Sale Grecia del euro y se ven desde Júpiter las carrerillas. Y las bolsas, todas en los contenedores, para que al día siguiente el camión de Wall Street se ponga hasta los topes. Eso se sabe.