lunes, 10 de marzo de 2014

PODEMOS: Cuando el verbo se hace sujeto



En España hemos dado un estirón. Es lo que a mí me decían de pequeño cuando me encontraba mal. Y era verdad. Después de pasada la pequeña crisis había crecido unos centímetros.
España salió de los cuarenta años de ignominia y represión hace casi cuarenta años. Éramos gobernados a golpe de paternalismo y si hacía falta otros golpes, pues también. Vivíamos  en un país en el que nuestra opinión no le importaba al que mandaba.  Al morir el dictador Franco nos fue dado lo que se dio en llamar La Transición y que yo llamo la Transposición.
Como resultado de ello en el país empezaron a suceder cosas que parecían extraordinarias. El PCE fue legalizado, votábamos cada cierto tiempo para elegir a nuestros gobernantes, las diferentes regiones adquirieron categoría de autonomías y tenían capacidad para gobernarse y había en los quioscos revistas con tías en pelotas.
Teníamos democracia. Un poder legislativo, un poder ejecutivo y un poder judicial. En el 81 lo pasamos jodido pero sólo fue un sarpullido. Y éramos puestos como ejemplo de paso de una dictadura a una democracia de forma pacífica. Por fin estábamos en Europa. OTAN y la UE.
Además empezamos a trepar en las listas de los países ricos e industrializados. Le mirábamos de tú a tú a Francia y hasta nos poníamos gallitos.
Pero habíamos crecido mal y a destiempo. Llegamos a ser demócratas con indicaciones del dictador y con la aparente ayuda de los que antes le sirvieron a él. Eso marca. No se cerraron heridas y sobre todo no se enseñó al pueblo lo que quería decir ser demócratas. No se le enseñó a ejercer la democracia. Hoy no sé si de manera estratégica o si por descuido, no lo sé. Pero no lo sabíamos. Por eso ha pasado lo que ha pasado.
Mientras parecía que el país iba viento en popa a toda vela, los ciudadanos nos preocupábamos de nuestras cosas. Votábamos y a casa. Hasta la próxima. Había políticos de todas las tendencias. Ellos harían su trabajo.
De vez en cuando surgían corrupciones que nos escandalizaban y también parecía que una vez unos políticos y otras veces otros, pedían cuentas y se metía en la cárcel a los corruptos.
Como niños con un juguete nuevo. Durante otros casi cuarenta años.
Pero fuimos despertando del letargo y a no saber diferenciar muy bien un partido de izquierdas de uno de derechas. Nos costaba ir a votar. Los políticos no parecían ser de mucha confianza. Decían una cosa en campaña y después hacían otra cosa. Eso sí, cada vez eran más ricos. Pero no sólo los ministros y su presidente del gobierno. También lo eran los consejeros y presidentes de las autonomías y también los alcaldes de los ayuntamientos. Y sus familias. ¿Quién no conoce al menos a un alcalde que misteriosamente no se haya  enriquecido durante su mandato o mandatos? ¿Cuántos políticos hay en este país que lo único que han hecho en su vida es ser políticos? Y lo peor ¿Cuántos políticos han pagado por fracasar en su trabajo? Aquello olía a chamusquina.
Pero estaba lo de que el país iba a toda hostia. Eso callaba muchas críticas.
Hasta que llegó la crisis. La crisis del crecimiento de la que hablaba al principio. Y como era de esperar los políticos al huso ni supieron ver, ni supieron tratar el problema.  La crisis se ha paseado por nuestro país sumiendo en el paro a millones de personas, dejando sin hogar a miles, obligando a nuestros jóvenes a irse del país y menoscabar conquistas como la sanidad pública y la educación gratuita para todos los españoles. ¿Y mientras que hacía los políticos al huso? Pues seguían con su dinámica de elecciones y promesas falsas. Cobrando sus buenos sueldos, corrompiéndose a tutiplén y ejerciendo su profesión de una manera que algunas veces resultaba surrealista.
No me puedo sustraer a la tentación de contar lo de los 9 del PP en una votación en el Parlament catalán. Fue tal que así:

Se está votando si el pueblo catalán tiene derecho a una consulta en la que decidir sobre su soberanía o no. Una opción sobre la que el PP está en contra. Lo saben hasta los marcianos. Pues 9 diputados del PP votan que sí. Como lo oyen.
Después dicen que se equivocaron. Y escuchen la explicación que dan: Los confundió el jefe de “la clac” de su partido al dar las indicaciones. ¿No les pareció extraño, raro, de alta traición? ¿No son autónomos, con criterio propio? Pues no. Votaron que sí. Si están escandalizados mejor que no piensen en su sueldo y privilegios.

O sea estamos tal que así: La clase medía desgajada, el poder legislativo en encefalograma plano, el ejecutivo trabajando para en el futuro poder colocarse en empresas de postín y el judicial, salvo excepciones  a las que se da matarile, al servicio de los partidos de siempre. Y empieza el crecimiento.
Un 15 de mayo del 2011 nos levantamos con unos centímetros de más en nuestra estatura democrática. Las plazas de España se llenan de indignados. No fue un buen apelativo. Estaban indignados, pero eran ciudadanos que se quejaban porque aquellos a los que habían elegido para gobernar su país, el de ellos, no lo estaban haciendo nada bien. Y además eran unos corruptos. Después crecimos otro poco y dijimos que no a que algunos españoles engañados se quedaran sin hogar y además endeudados para toda la vida por culpa de unos bancos a los que previamente habíamos ayudado con nuestro dinero.  Era tan descarado el robo que desde Bruselas le llaman la atención al gobierno español.
Evidentemente el ciudadano español había cambiado.
La primera muestra de nuestra nueva altura democrática surge en Burgos. En el barrio de Gamonal. Unos ciudadanos le dicen al alcalde qué es lo que puede hacer en su barrio, de ellos, y qué no.
Evidentemente lo que estaba pasando es que por fin el ciudadano español echaba en falta el poder que no había ejercido durante todos estos años y que de pronto parece el único camino que hay para arreglar este desaguisado de incapacidad y corrupción de los políticos que asola el país.
Ejercer el poder ciudadano. Que cada ciudadano tome conciencia de que este país es suyo y que todos los organismos públicos, desde La Casa Real hasta el ayuntamiento más pequeño del país, están a su servicio. Empleados de la ciudadanía, con un cometido por el que cobran muy bien y en el que deben dar lo mejor de sí mismos.  Y del que deben rendir cuenta cada vez que los propietarios de este país, los ciudadanos, así lo exijan.
Empoderarse lo ha llamado la plataforma PODEMOS a este hecho.
Comenzaron pidiendo 50.000 firmas para saber si tenían el apoyo popular, han tenido más del doble. Han llenado los lugares a los que han acudido a explicar su proyecto. Y realmente no han debido dar muchas explicaciones porque este país ya está listo para tomar el mando de su destino.
Pablo Iglesias y Juan Carlos Monedero, cabezas más visibles de este proyecto, lanzaron PODEMOS y los ciudadanos han entendido tan bien que han contestado NOSOTROS.

Lo que es raro y extraño es que ante esta petición clamorosa de los ciudadanos, ningún partido al huso, se haya aproximado a ellos, con la intención de enmendarse y ponerse a su servicio. ¿O no es nada raro y extraño y sí la reacción natural de unos representantes adocenados y obsoletos lejos de lo que significa representar al pueblo y escuchar sus peticiones?

jueves, 6 de marzo de 2014

La izquierda desparramada



 Siempre me ha sorprendido que siendo los ideales de la izquierda política tan claros y precisos: Conseguir bienestar social para todos en una sociedad justa y libre, resulte que ante unas elecciones, la cantidad de partidos de izquierdas que se presentan ganan por goleada a los de derechas. Desde la marabunta de partidos comunistas escindidos y por escindir, pasando por el grupo de partidos republicanos, hasta llegar a la diversidad de partidos uniobjetivistas exigiendo uno u otro derecho. Y los anarquistas. Más luego los acostumbrados.
Mientras en el lado derecho los dos o tres partidos permanecen sólidos y amalgamados.
Esto es un grave problema a la hora de conseguir un resultado que se plasme en representantes. El voto anda tan desperdigado, que unos por otros, la casa de la izquierda por barrer.
Esto es histórico en nuestro país. Sólo hay que echarle un vistazo a la Guerra Civil. Los partidos de derechas se cobijaron bajo el palio que la Iglesia le proporcionó a Franco y la Izquierda se paso toda la guerra a la greña, llegando hasta a matarse. La historia del POUM en Catalunya es una buena muestra (Google al canto).
Elección tras elección me preguntaba: ¿Cómo puede ser?
Hasta que me di cuenta de que no encontraba la solución porque miraba hacia dónde íbamos y no de dónde veníamos. Es decir, me decía yo: Si queremos comer, tener una casa, una educación y una sanidad, libertad y justicia, ¿por qué no vamos todos los de izquierdas, juntos? Era una pregunta errónea.

Porque yo pensaba con la cabeza sin tener en cuenta de dónde venía la orden de pensar. Daba por hecho que venía del corazón. Y no es así. La cabeza es una mandada, como lo oyen. Aquí quien manda básicamente es el estómago, el corazón y los órganos genitales, cojones y ovarios, en ese orden, por ahora. Teniendo en cuenta que lo de la jodienda no tiene enmienda, llegué a la conclusión que la respuesta estaba en el corazón y el estómago. ¡Exacto!
De ahí a encontrarme con la realidad y los sueños sólo hubo un paso. Hasta escuche cómo se rasgaba el velo que ocultaba la respuesta.
Trataré de explicarla.
En una manada de animales irracionales ningún miembro se cuestiona si ha tenido suerte en la vida o no. Cada uno apechuga con lo que le ha tocado. El macho fuerte y sano es el jefe de la manada, come, folla y duerme a su gusto y placer. El ciervo que nace débil y no puede correr cuando llega el león….pues a la cazuela. Los ñus atraviesan el rio Mara y el que cae entre las mandíbulas de los cocodrilos, cae, no se les ocurre poner un puente. Es decir naces determinado por el destino y ahí vives, te reproduces y mueres.
Como se puede ver es una forma de vida animal, conformada por la realidad y en la que el estómago es rey indiscutible.
Nosotros éramos así, al principio, cuando las cavernas.
Hasta que un día, probablemente un pringado, tuvo la idea: ¿Y esto porque tiene que ser así? ¿Por qué no podemos cambiar la realidad y que todos, al margen de dónde y cómo nazcamos tengamos derecho a una vida plena y digna? Nació el hombre de izquierdas, el revolucionario. Hablaba desde el corazón, y, claro, le pareció una idea cojonuda, y, claro, se puso a contarla, y, claro, a los que vivían cojonudamente no les pareció bien. Así que en cuanto lo cogieron desprevenido lo apiolaron. A partir de ahí la historia de la humanidad se ha ido repitiendo invariablemente. Han cambiado modos y escenarios, pero la esencia es la misma. Unos con el estómago y otros con el corazón.
Por eso cuando llegan las elecciones, las derechas lo tienen fácil: Hablan del estómago. Y el estomago sólo tiene una preocupación: Comer, y una sola solución: Comida.  Entiéndase comer y comida como metáfora maldita de la realidad que no se debe transformar porque nos favorece.  O como se suele decir: El estómago tiene una razón que la razón entiende muy bien.
Mientras que la izquierda que habla con el corazón es incapaz de coordinar un solo mensaje inequívoco. Hay miles. Y por lo tanto imposible una única solución. Por eso se dice que el corazón tiene razones que la razón no entiende.
Resumiendo. El que no quiere transformar la realidad tiene un mensaje muy fácil: No transformarla porque me favorece, porque te favorece.
Mientras que el que quiere transformarla encuentra unas tropecientas maneras de hacerlo y cada una tiene un partido para defenderse.

Llegan ahora las europeas y ahí está el PP, enterito, hablando de estómagos,  a su lado los comensales nacionalistas con su bocadito y algún corpúsculo que quiere más solomillo. Y y’asta.
Ahora miremos la izquierda. ¿Qué me dicen? El PSOE, Izquierda Unida o Plural o Abierta, que no sé cómo llamarla, las izquierdas respectivas de las autonomías, las izquierdas reivindicativas aparecidas con las crisis, las izquierdas ecológicas y súmenle las escisiones, los republicanos, los anarquistas….todos con ganas de cambiar las cosas radicalmente y a su manera.
Y digo yo, ¿Y si las cambiamos un poco y de una manera que a todos  nos venga bien?
A todo esto. No pierdo de vista que donde hay estómago hay corazón y que dónde hay corazón hay estómago. Que un genio no soy pero de un guindo tampoco me he caído.

lunes, 3 de marzo de 2014

Hay una cosa que te quiero decir: De Bangladesh a Entre todos : La necesidad ajena y el espectáculo.



Ha sido una constante en la historia del ser humano lo de aprovecharse de la debilidad o miseria del de enfrente.  La compasión y la piedad no siempre han estado a la altura. No digamos la solidaridad. Y por constante, ha terminado aceptándose ese comportamiento indigno que entre los animales irracionales tiene su explicación pero que entre nosotros es difícil de comprender.
En España se ha practicado de manera alevosa e insistente con los emigrantes. Una parte de la sociedad los rechaza y pide su expulsión, la otra los acoge y crea asociaciones para ayudarlos. Y una minoría silenciosa, que es la que maneja el cotarro, calla y va haciendo. Causan problemas porque tienen el inconveniente de querer vivir, además de trabajar, pero se va sobrellevando.
Ahora con la crisis también ha brotado de manera harto evidente y vergonzante la explotación entre nosotros mismos. Se puede leer en los diarios ofertas de trabajo con periodo de pruebas sin remunerar, exigencia de los estudios de Ciencias Empresariales para repartidor de bollería, puesto de trabajo a 4 euros la hora, ofertas para prostituirse, etc., etc.
Indigna y sorprende que indigne, ahora que nos toca a nosotros, pero se termina por aceptar que si uno está apurado no va a andar repartiendo billetes.  Seguramente el que ofrece 4 euros a la hora no se está forrando. Necesidad aprieta. Así que la crisis nos da cogotazos y baños de desagradable realidad.
Pero no queda la cosa ahí. Todavía hay un escalón más de indignidad. Un escalón que lo marca el hecho de que haya semejantes que no es que exploten al indefenso y al necesitado, si no que explotan su indefensión y su necesidad, con los agravantes de que lo hacen públicamente y además se forran. Con el acicate de que se les va a ayudar se les atrae y una vez cazados son mostrados con todas las entrañas de su pesar expuestas para contemplación popular.

Pero hagamos un poco de historia. Corría el año 1971, un trozo de Pakistán se independiza, y claro, las pasa canutas. Entre eso y  los 500.000 muertos del ciclón Bhola, aquella zona, hoy conocida como Bangladesh queda totalmente destruida. No hay más que muerte y desolación. Los Beatles andan tonteando con Ravi Shankar y entre él y George Harrison tienen la idea de hacer un concierto benéfico para recoger dinero y ayudar a este país que acaba de nacer. Lo llevan a cabo en el Madison Square Garden, de Nueva York, próximo al lugar de los hechos.
No quiero aburrir. El concierto es un éxito. Se recoge dinero, se graba un disco, una película y se publicita en el mundo entero.
Pasado el tiempo, los posos son que Bangladesh siguió jodida y que los grandes beneficiados son los artistas y todo el mercadeo que se montó a su alrededor. De esto se tomó buena nota y en aquel momento nació el artista benéfico, llamado así porque hace conciertos en que el primer beneficiado es él, vía venta de sus discos  o alimentación de su ego. Paradigmas de esta loable actividad son Sting y Bono, el irlandés, que si han enderezado algún entuerto es discutible pero lo que no lo es, es que han ganado fama y publicidad gratuita. Unos linces. Pero no sólo los artistas se dieron cuenta de este filón. Se dio cuenta toda alma ávida de dinero y fama. Además con tanto desgraciado y mísero que hay por el mundo la veta era inagotable.
De esta manera las televisiones, los países, las organizaciones no gubernamentales, los partidos políticos y cualquiera que necesite un empujoncito para su negocio se monta algo benéfico para ayudar a cualquiera y listo.
Por supuesto no todas las obras benéficas son indignas y vergonzantes. Las hay admirables y dignas de todo el respeto del mundo. ¿Qué cómo distinguirlas? Muy fácil. Tómese a Vicente Ferrer, a Teresa de Calcuta, a Médicos sin frontera, a Amnistía Internacional, a cualquiera de los sacerdotes que en Sudamérica y en las periferias de las grandes ciudades españolas se están batiendo el cobre con los abandonados y pobres de nuestra sociedad y compárese con el sujeto en cuestión. Si es parecido o se le acerca, es válido. Si no, es uno de esos mercenarios de la caridad y la solidaridad.
Como los dos casos punteros que voy a analizar a continuación.
Son dos programas de televisión, vergonzantes y asquerosos hasta decir basta.
Uno es “Entre todos”, en la TVE 1 por las tardes, y el otro “Hay una cosa que te quiero decir” de TV5.
La presentadora de “Entre todos” hace unos días cometió una equivocación y le dijo a una chica maltratada por su marido dos o tres estupideces relativas a aguantar el maltrato. Le han llovido las hostias por todos lados, hasta una articulista de El Mundo en la edición de el viernes 28 de Febrero decía que vomitaba sobre ella, literalmente. A mí esta reacción me ha sorprendido no por inmerecida si no por tardía, ya que esta presentadora con la excusa de que ayuda a necesitados, cosa que me parece muy bien, se ha montado un programa con el que se está forrando ella y la cadena de televisión.
No me resisto a describir el escenario en el que se lleva  a cabo la exhibición. Un plató normal de televisión, con una gran pantalla y la presentadora paseando arriba y abajo. Comienza el show. Aparece el rostro de la víctima. Casi siempre un ser humano tan necesitado, tan acongojado, tan puteado por la vida que ha roto todo pudor para estar allí. Para conseguir dinero, generalmente. Rostro en primer plano para que no nos perdamos detalle de su dolor y sufrimiento. Y entonces la sacerdotisa con un paternalismo asqueroso, manejando términos como “cariño mío”   “preciosísima”   y con una sonrisilla de triunfo comienza a hurgar en la desgracia de la víctima, lo quiere saber todo. Se regodea durante unos minutos que a la víctima se le deben hacer larguísimos con algún que otro comentario que la han hecho célebre y después cuando está saciada la curiosidad comienza la ronda de limosnas. Los oyentes van llamando y poniendo su granito de arena. Cada limosna es vitoreada y no puedo por menos que pensar en ese toro que es banderilleado y a los aficionados lanzando olés. Se consigue el objetivo y a por otra víctima.
En el otro programa, “Hay una cosa que te quiero decir”, el mecanismo es prácticamente el mismo. No hay una gran pantalla porque en este programa la víctima está en directo, pero los primeros planos de ella y el silencio que el presentador maneja con una maestría mefistofélica son obscenos. El mecanismo es el siguiente. Un ser humano, que si en el otro programa necesita dinero, en este necesita cerrar una herida de una traición, de un olvido, de un abandono…..en fin una herida del alma que le hace la vida muy dolorosa e infeliz.
 Esto el presentador lo va contando con pelos y señales mientras va paseando por el plató. Parece un negrero vendiendo esclavos. De vez en cuando se detiene, en un pasaje escabroso normalmente, se hace el silencio y primer plano de la víctima, con la consabida pregunta para apuntalar la realidad de la desgracia. No debe quedar duda al respecto y así quince o veinte minutos. Hasta que por fin llega el momento de saber si la persona buscada, anhelada, amada ha decidido atender a la carta y venir al programa o no. Pero antes, dice el presentador, unos consejos publicitarios. Y te quedas ahí, con la historia de la niña prostituida que quiere saber si su madre la abandonó adrede o no, rondándote el corazón, y  escuchando que el mejor champú para mantener el cabello sedoso es X. Momento especialmente asqueroso del programa.
 Se acaban los consejos, y sí, la persona buscada y encontrada por el programa acepta la invitación. Llega, se  sienta al otro lado de un muro. Y de nuevo el presentador desgrana todas las desgracias acaecidas, hurga una y otra vez, silencios, primeros planos del estupor, del dolor. Se abre el muro en forma de sobre. Momento álgido. Más hurgamiento para satisfacción del pueblo. Al final se corre el muro y se produce el abrazo. Llantos desconsolados, abrazos, besos, los dos seres se quieren fundir y llega el momento cima de la asquerosidad del programa. Ese en el que el presentador los echa del programa, casi  sin darles tiempo a saciarse el uno del otro. ¡Puerta, que tienen que entrar los siguientes!
Muchos  dicen: pero van voluntarios al programa. Claro. Nunca olvidaré los años que viví en un pueblo de Andalucía cuando a las seis de la mañana, en invierno, en la plaza del pueblo se reunían los jornaleros también voluntarios, a ver si el capataz del cortijo tenía a bien contratarlos. O como ahora parece que mujeres necesitadas se prostituyen voluntariamente para sobrevivir. A un programa de estos uno va acuciado por la necesidad. Que menos, que no hacer exhibicionismo. Que menos, que no forrarse. Que menos, que ponerle toda la contención, todo el respeto que el dolor ajeno merece. Y no todo lo contrario. Ese mercadeo obsceno, pornográfico.
Esto es prostitución del dolor y la pobreza.
Unos seres implacables ganan dinero y fama con la exhibición del dolor y la necesidad de unos semejantes.
Al margen de que se consiga el dinero necesario o de que se encuentre al ser querido.
Hay otras formas y maneras.
A estos dos presentadores la frase de Vicente Ferrer: “Crees que vienes a salvar al mundo pero lo que vienes es a salvarte a ti mismo”, los ha debido confundir.

martes, 18 de febrero de 2014

Los 30.000 de Suiza



Suiza es un país prestigioso en Europa. El paraíso alpino, lo llamaba un diario hoy .Neutral en las dos grandes guerras, acogiendo a los pocos afortunados que podían huir de la diáspora nazi, constructora de relojes de gran precisión, receptora del dinero que los criminales de todo el planeta atesoran con sus fechorías, fabricante de un excelente chocolate, democrática hasta el infantilismo: si 50.000 firmas pidieran semáforos que bailando te informaran de que están en verde habría que hacer un referéndum…etc., etc. Una serie de características que la han hecho famosa en todo el mundo.
Y a mí siempre me ha extrañado que lleve con igual donosura el ser la patria de los relojes Rolex que el tener bancos que recogen el dinero más ensangrentado del mundo sin que le tiemble el pulso. Habría que ver qué pasaría, si de pronto en Suiza todos los billetes provenientes de actividades ilícitas se pusieran de color rojo. Me lo apunto por si alguna vez me encuentro con el mago de la lámpara y me concede un deseo.
Y todavía me extrañaba más esa aceptación de su estatus por parte del resto de los países.  Hasta que un día caí. Los demás países lo aceptan porque los mandamases de esos países contemplan Suiza como su rinconcito.  Laboran y laboran y lo que ahorran lo ponen allí, para cuando tengan ochenta años y se jubilen, con ese dinerito, como decía Pepe Rubianes, se dediquen a follar como locos. Aclarada la extrañeza.
Pero me surgió otra más alarmante: ¿Cómo podía ser que entre la humilde población también Suiza tuviese ese prestigio? Aquí me tuve que emplear a fondo hasta que encontré la solución: Suiza es como la Lotería. Juegas durante cuarenta años y no te toca nunca, pero tú sigues, incansable, jugando. Algún día te tocará. Pues Suiza igual, nunca tendrás un puto duro para llevar a Suiza, pero ¿y si un día te toca la lotería y tienes que empezar a evadir capital? Necesitas que Suiza esté ahí, con sus bancos, esperándote. Y mientras te toca y no te toca, pues si hay un aprieto también puedes ir de emigrante a trabajar. Aclarada la otra extrañeza. Que para un emigrante, Suiza es el único lugar del mundo en el que las probabilidades de que te encuentres con un billete que podría ser tuyo si el corrupto de turno no te lo hubiera robado se disparan hasta casi el 100% si trabajas durante dos años seguidos. Si eres español con trabajar dos meses, fijo que algún billete que te dan es tuyo. Así,  de esta manera, un emigrante en Suiza es un reincidente: Le robaron en su país cuando se quedo sin paro, sin trabajo y sin futuro y el roban en Suiza cuando le pagan con su propio dinero. ¿No me digan que no es para coger un disgustazo?
Pues ahora los suizos se han hartado de que los europeos muertos de hambre de La Comunidad Europea, sí, esa comunidad que se formó para la convivencia prospera, en libertad y justicia de los europeos adelantados, entren en el país como Pedro por su casa. Que ya tienen bastantes y que a partir de ahora habrá números clausus. Eso nos ha herido en lo más profundo. Hemos perdido los papeles y les hemos amenazado. Que cuatro tonterías legales que teníamos entrambos se paralizaran. ¡Huy, qué miedo! Puede que en este teatrillo de guiñol que se ha montado  tenga su máxima expresión el hecho de que el que por la mañana amenaza a Suiza por la tarde embuta billetes en una mochila para que se lo coloquen  en cualquiera de los honesto y decentes bancos suizos. Porque esa es la industria principal de Suiza: Recibir la mayor cantidad posible del dinero criminal que se mueve por el planeta. Y ahí bien poco se está haciendo.
O sea, limpiamente, sin vallas ni guardias civiles ni pelotas de goma ni hostias, los emigrantes europeos que quieran entrar a trabajar en Suiza a partir de ahora tanto si son 30.000 como toda la purria europea junta habrán de ser examinados y si conviene pasaran y si no pa casa de vuelta. Precisión suiza.
No como nosotros, que tenemos una liada en el estrecho que de aquí a mil años estaremos en la historia al lado de Hitler y compañía. Lo último de Ceuta con quince muertos es de opereta si no fuese tan trágico. Ver a los africanos en el agua mientras la Guardia Civil los mira y pelotea es de quedarse hecho estatua de sal. Oír al director de la Guardia Civil y al Ministro del Interior dar explicaciones es de ciencia-ficción. Y después escuchar las críticas que algunos progresistas han hecho a un diario por poner que había 30.000 emigrantes esperando para saltar la valla es de fanfarria.
Empiezo por lo último. No es que haya 30.000 emigrantes esperando para saltar la valla, es que hay medio continente africano con la esperanza de algún día llegar a Europa. De la manera que sea. Y el que no lo vea así, es que está cegato. Y habrá que darle gracias a los movimientos tectónicos de que América del Sur esté lejos, que si no, nos íbamos a enterar.
Ésta es la venganza de la historia. Los europeos hemos esquilmado por siglos los dos continentes. Primero como descubridores implacable y avariciosos, asesinos y genocidas (Hay literatura hablando el tema para aburrir) y segundo como colonizadores hipócritas y rapiñadores. Aún lo seguimos haciendo. O sea, nada de 30.000, si no naciones enteras. Y no es por meter miedo.
Y ahora voy con los incapaces que año tras año elegimos en las urnas. Un ministro que habla de la Virgen de los cojones, ¿está capacitado para algo que no sea rezar el rosario y confesarse cada vez que se la toca?
Todos los guardias civiles que se estaban tocando las narices mientras seres humanos llegaban exhaustos a la orilla deberían ser expulsados del Cuerpo ipso-facto, sus jefes dimitidos y a los de las pelotas de goma mandarlos a reeducación humana, empezando por lo más básico. Pasará lo que pasará minutos antes, la docena que llega casi ahogada a la orilla, que menos que ayudarlos a salir, darles unas mantas y compadecerse de ellos. ¡Qué menos!
Pero en el estrecho se ha perdido la perspectiva del asunto y se quiere arreglar con pelotas un problema que hay que arreglar en los despachos. Empezando por decirle a Marruecos que deje de utilizar a los emigrantes como munición, que se ocupe de que no se paseen por su país, que tenga las fronteras para algo, después invertir en esos países africanos llenos de pobreza y miseria: Con que dejásemos de robarles lo que actualmente les robamos yo creo que sería una inversión suficiente. ¡O yo qué sé! Piensen señores políticos y actúen. Eso sí, ya les garantizo que con vallas de altas hasta el cielo y pelotas de goma la afluencia de emigrantes no se parará. Porque a aquellos que les impulsa la desesperación sólo se les puede frenar  de una manera.
Se ha acercado mi abuelo a ver qué andaba escribiendo. Después de leerlo me ha apuntado una solución: ¿Que por qué no le encarga Bruselas a Santiago Calatrava un puente que vaya desde Marruecos a Suiza? ¡Qué malo es el jodío!

miércoles, 12 de febrero de 2014

La Izquierda está abarrotá


Alguien debería decirles a los responsables del PP que en la izquierda ya no se cabe. Esperanza Aguirre ha declarado: El cine español está en contra del PP. A continuación ha venido la sentencia: El cine español es de izquierdas. Dicho queda, otro colectivo más calificado de izquierdista. Cuando no de terrorista. Son los recién llegados, aunque ya desde siempre no ha habido buenas vibraciones entre el mundo cinematográfico español y el PP de la carcunda(quiero pensar que hay otro PP, soy optimista de corazón, que algún día florecerá y dejará de lado, al PP trasnochado, que ha sentado sus reales al timón de la derecha española). Sigo. Llegan los del cine a un lado del espectro político en el que ya no cabe un alfiler. Médicos y personal de la Seguridad Social que apoyan la sanidad pública; el mundo docente  que reclama más becas y precios más asequibles para estudiantes con poco poder adquisitivo; mujeres que quieren una ley del aborto más respetuosa con ellas, que son seres humanos y no reproductoras; bomberos que no quieren ir a parar al sector privado; vecinos que no aceptan que su barrio se transforme sin contar con ellos. Es decir todo colectivo que protesta por alguna ley aprobada o en fase de aprobación por el PP, sufre la estigmatización.

Recién, con la creación de VOX, se tuvo por un instante el temor de que también sus fundadores fuesen tildados de izquierdistas. Pero triunfo el conocimiento que tienen de ellos y por ahora parece que le están intentando hacer un hueco a su derecha. Menos mal, porque con VOX calificado de izquierdista, los divanes de los psiquiatras podían petar.

Esta manía de etiquetar a todo colectivo que se oponga a las leyes restrictivas del PP recuerda a un ominoso inquilino, porque no otra cosa es el PP al frente del Gobierno de España, inquilino, digo, aunque lo de ominoso también, que no sabiendo que hacer con las cosas que se va encontrando por casa las va amontonando en un rincón que él previamente ha definido como el rincón de las cosas molestas que estorban en su deambular por las estancias.

Que ni todos en el cine son de izquierdas, ni todas las mujeres que quieren libertad para abortar son rojas, es algo que todos son capaces de ver sin ninguna dificultad, más bien con una claridad meridiana. ¿Porque en el PP no?

Porque el PP gobierna en base a unas creencias inmutables y que querría eternas. Vamos con un talante netamente religioso. Hay fe en la forma de gobernar del PP. Fe en unas maneras de hacer las cosas que mezclan el fundamentalismo cristiano con el dogmatismo conservador y la disciplina militar. Como se ve una práctica que lleva al atrofiamiento del oído político y a tirar para adelante como mula con orejeras. El resultado es este enfrentamiento generalizado de la sociedad civil con el partido gobernante.

Un enfrentamiento que es copia del enfrentamiento del pueblo con la Iglesia. Lo que hace diferente estos enfrentamientos es que en el caso de la Iglesia, el pueblo le puede dar la espalda, borrándose del censo de creyentes y la vida no sufre alteración ninguna, vamos en la mayoría de los casos,  hasta representa ventajas. Otra cosa será cuando te mueras que igual llegas y te piden el CV religioso y entonces la has cagado, al infierno de cabeza que ya no hay limbo.

 

INCISO: ¿Cómo se puede ser seguidor de una organización que se reúne, lo hicieron hace     unos años, para debatir si existe el limbo o no? ¿Esto qué es lo que es? ¿Los dirigentes políticos tienen estos comportamientos en cuenta, cuando los subvencionan o hacen concordatos con ellos?

Pero yo estaba hablando de otra iglesia, el PP. Con los del PP, no puedes dejar de creer en ellos y seguir con tu vida, porque aún cuando quieras dejar de seguirlos no se puede, porque te tienen cogido por las leyes. Ejemplo: La Iglesia dice que no puedes abortar, tú ni puto caso, abortas y sigues a lo tuyo. El PP dice que no se podrá abortar, tú, ni caso, abortas. A chirona. ¿Entonces?, o te sumerges en la ilegalidad, con todos los contras que eso trae, o te sometes a lo que dicen, que también tiene sus contras. Eso con el tema del aborto.

Con los otros pasa igual, sólo que se sustituye lo de chirona por “tú vida sufre un detrimento de calidad de vida”: Ya porque no se hace cine y el  que se hace no se ve porque es caro al subir el IVA, o ya porque si estás enfermo no te van a recibir en consulta hasta pasados los primeros síntomas y estar ya para operar.

Es decir, por ahora, detrás de cada protesta ciudadana hay una razón absolutamente  entendible y que como poco podía llevar al PP a entablar conversaciones con el fin de acercar posiciones con los ciudadanos que son al fin y al cabo los que los han votado. Pues no. Desautorizados por ser de izquierdas. Y de oca en oca y sigo porque me toca.

¿Dónde lleva esto? A la crispación. Al hartazgo de la ciudadanía.

Y es que en el PP, ya lo dije en otra entrada, le falta algo que para estar dónde estamos es muy grave que le falte y es ser democrático. Porque no lo es, juega a serlo pero no lo es, o no lo son los que ahora lo dirigen. Siempre y en todo caso cuando el pueblo habla, en una democracia, se le escucha. Para después decir sí o no, pero se le escucha.

Este comportamiento de etiquetar a todos los que protestan de izquierdistas tiene dos lecturas y las dos malas. La opinión tan inquietante e infantil que tienen el PP de lo que es ser de izquierdas y la demostración de que por el sólo hecho de ser de izquierdas no te va a escuchar.

Como van a seguir así, sería cosa de milagro un cambio, sugiero que ya repleta la izquierda opten por empezar a utilizar con los disidentes de su política otro epíteto. Podía ser el de “centrista”. Sólo se necesitaría que se corriesen ellos un poco más a la derecha que mucho me temo lo están deseando. Así matan dos pájaros de un tiro: Colocarse dónde su instinto natural les dicta y descongestionar  la izquierda qu’es qu’está abarrotá.

jueves, 6 de febrero de 2014

“Letizia, ni Ortiz, ni de Borbón” o “En La Casa Real no se vive nada bien”.



Hoy en el diario Público ha aparecido un artículo con este titular: “Letizia, la quinqui”.
Y como ya llevaba unos días contemplando este linchamiento y ensañamiento popular contra la Casa Real me he dicho, ¿Pa que vas a esperar más? Y me he puesto.
LA INTRODUCCIÓN.
Primero, no soy monárquico, ni juancarlista, ni hostias. Me encantaría cada cuatro años elegir al Presidente del Estado. Pero seamos realistas, ¿con un partido de derechas como el que tenemos quién se ve capaz de convivir sin una autoridad constitucional que nos impida llegar a las manos? En política los españoles no hemos madurado todavía, más que nada porque el PP sigue sin quitarse las capas franquistas que le atenazan. Si miramos el espectro político, vemos a las izquierdas absolutamente encajadas en una convivencia democrática, renunciando a objetivos y principios que le eran inherentes, a veces demasiados, mientras que la derecha sigue con su manía de pensar que naces donde naces y te jodes, que tu hijo antes que nadie aunque sea tonto, o tu mujer, que siempre ha habido pobres y ricos y tú eres pobre y así. Total que hoy por hoy necesitamos tener contratada a la Casa Real. Pienso.
Por otro lado cuesta aceptar que frente a los corruptos de enorme capacidad de corrupción, los que tienen enormes cantidades de guita, pero enormes, como para pagar la deuda de un país, o frente a los diminutos corrompidos que pululan entre las fauces de los anteriores, limpiándoles las encías de los billetes que se les quedan enganchados cuando degluten, el pueblo se ensañe con a lo sumo seis o siete corruptos que ese sería el número si toda la Casa Real fuera corrupta. Sólo Urdangarín está a la altura. Y hablando de alturas, ¿se merece Letizia ser tratada como Urdangarín? O peor.
Y, ¿se han fijado de qué cantidades hablamos cuando hablamos de la Casa Real? Sólo el muerto de hambre de Juan Lanzas ha apañado más dinero que toda la Casa Real. Si hablamos de Bárcenas, no hay color.
Si miramos con frialdad lo sucedido hasta ahora con la Casa Real, si apartamos al emprendedor Urdangarín, ¿qué vemos? Un rey con flaquezas propias de cualquiera de nosotros, una infanta enamorada de un caco  y una princesa que no encuentra la razón de su existencia de ahora. Y por esta última voy a romper una lanza.
EL ASUNTO
En las guerras, los que más sufren son los que no pertenecen a ningún bando, le disparan desde todos los lados. En el mundo de las razas, los mestizos las pasan canutas. A los homosexuales, uno y otro sexo los han maltratado de lo lindo. Pues Letizia Ortiz está en ese bando, en el bando de los que no tienen bando.
Ya cuando se casó con Felipe de Borbón se oyeron las voces airadas de los que son más papistas que el Papa diciendo tonterías sobre la sangre azul y chorradas por el estilo. Los Grandes de España se molestaban. Una plaza que debía ser para ellos la robaba una plebeya. Entre que fue mal recibida y que entre la aristocracia la estupidez es endémica, pues Letizia nunca ha encontrado su lugar. Cuantas veces se habrá dicho: ¡Madre mía, qué nivel!
Por el lado plebeyo, aunque al principio hubo jolgorio y cuento de princesas y comieron perdices y fueron felices, después aflora la envidia y el rencor y donde dije Diego digo ¿que qué se creerá ésta, que era una simple locutora de televisión?, como tú  y como yo, ¡amos anda!
Total que mientras el país se hunde en la miseria por culpa de unos políticos ineptos y corruptos  que día tras día siguen al mando de la nave, por todos lados le llueven hostias a Letizia  que ni Ortiz ni de Borbón que lo más que ha hecho ha sido abandonar su prometedora vida de civil por una de cartón piedra de princesa.
A los “Grandes de España”, los de café, copa y puro, los doy por perdidos, porque al fin y al cabo bajo su perspectiva tienen razón.  Ese era un puesto para alguien de cartón piedra. Como ellos.
Pero a los plebeyos, los del carajillo, el mondadientes y el cigarrillo, le voy a decir cuatro cosas, como plebeyo que soy. Que a muchos, muchas los veo desgañitándose, pidiendo sangre mientras pasa la carretilla que lleva a María Antonieta a la guillotina.
Letizia Ortiz era una locutora de éxito en TVE, inteligente, trabajadora, con sus flaquezas como todos, con un futuro seguramente brillante en los medios de comunicación, realizando una tarea que le entusiasmaba, sólo hay que recordarla en lo del Chapapote. Hoy en día seguramente estaría en alguna privada ganando pasta gansa y libre como un pajarito cuando llegasen las vacaciones o los fines de semana. Recibiendo premios y con amigos de verdad.
Pero se le cruzo Felipe de Borbón, un hombre con el destino marcado. Y no voy a entrar en si hubo más o menos amor, me es imposible dilucidarlo. Pienso que sí, pero no tengo pruebas. Ellos sabrán. Lo que sí sé, es que Letizia Ortiz no hizo un buen cambio. Anuló su vida. Ella no estaba educada para ser un símbolo. Eso no la llena y eso lo sé porque la veo constantemente en TV y la puedo observar a placer.
Un símbolo es vacuo, movido de aquí para allá, sin sustancia propia, vacio para ser llenado de aquello que cada vez más convenga a los que manejan el símbolo. Una vida de princesa puede ser el sueño de muchas mujeres pero para otras sería una pesadilla.  Y para Letizia lo está siendo.
Este fin de semana paseaba con sus hijas y unos fotógrafos la acosaban. No se enfadó y les quitó la cámara, no, se estaba quejando de no tener ni un momento de intimidad. De no poder ser una persona normal. Y es que ella lo necesita. No nació princesa, nació persona.
En otras de mis entradas del blog, con toda humildad, le aconsejo a Felipe de Borbón que en cuanto sea rey se deshaga de hermanas, primos, tíos y que deje a la Casa Real reducida a él, su esposa y sus hijas. Ahora me atrevo a decir que Letizia necesita trabajar, pero no un trabajo de chichimoni como el de Cristina, no, un trabajo de verdad. Ella puede. Y seguro que engordará  y no dará tanta pena. Por lo menos a mí me la da.
“Letizia, quinqui” ha tenido que leer hoy en  un diario. Con lo que hay por el país. Su cuñado sin ir más lejos. No seamos plebeyos.
Pensemos que pertenecer hoy en día a una familia real es un castigo. Quizás en la Edad Media representaba alguna ventaja, cuando hacía frío, te morías de hambre y se follaban a tus hijas nada más florecer, o quizás sea un chollo en Marruecos, donde tienes menos derechos civiles que un perro en china….pero en Europa no. Sólo tenemos que ver la realeza que se mueve por el continente.
Hay muchas otras formas de ser feliz. Letizia tenía una, la cambió. Por amor o no, pero la cambió….por otra peor.
Letizia, la quinqui.  Por otra mucho peor, a la vista de todos.
Si no bajamos el pistón, puede ser Letizia, la rota.