miércoles, 13 de febrero de 2019

La clarisisima opción catalana



Hoy por hoy a Catalunya le es casi imposible deshacer el lío histórico que la liga con el resto de España. La Historia es destino. Y ese destino le ha impuesto a Catalunya la presencia de sus vecinos del Sur y no la de los del Norte. Con lo que eso conlleva. De haber participado en la Revolución Francesa y estar al lado de la Reforma Luterana, a tomar parte en la Reconquista y en el Descubrimiento de América bajo la farsa de la Evangelización de la nefasta Iglesia Católica Apostólica y Romana que Dios por ahora no tiene en su gloria, como a muchos nos gustaría. Paciencia.
Se podría decir que la relación catalono-española siempre ha sido dogmatismo contra dialéctica, cojones contra cerebro, entrañas contra formas, posibilismo contra determinismo y así.
Si a eso le añadimos que nadie está libre de equivocarse, corromperse, darse por vencido, inclinarse al cambalacheo, el panorama actual no debería extrañar a nadie.
Siempre igual. Aunque en ese igual siempre ha habido resquicios de luz. Los hubo con la Segunda República y los hay ahora con la Democracia instaurada y consolidada, salvo catástrofe. Pero, claro, no hay que equivocarse.
Catalunya debería aceptar que una de sus asignaturas pendientes es obcecarse con lo que es hoy por hoy imposible y no dedicarse a lo que es alcanzable para ella y asumible para la otra.
Sé que convertir al resto de España en un poco catalana es muy difícil. Hay mucho cerril en España. De hecho es frecuente oir por los pueblos de España esta frase,
-Es que en este pueblo somos muy brutos- seguida de una carcajada de autosatisfacción.
Cada vez hay menos cerriles, pero los hay. Y lo que es peor, mandan.
Es una tarea ingente pero hay que ponerse a ello. Ya que no te puedes ir, cambia los muebles. En vez de gastarse los euros abriendo casas de Catalunya por el mundo, abrirlas en las otras autonomías españolas.
Y luego están las decisiones.
Ahora hay una en puertas. Darle aire al PSOE, apoyando los presupuestos o hacer que se asfixie y tenga que sacar la cabeza, mediante elecciones, para respirar o ahogarse definitivamente.
Es una apuesta. Es la peliaguda opción catalana.
Si hacemos servir el sentido común y no la Fe en una Catalunya mítica, eterna, comparable a la España una, grande y libre, este dilema es muy fácil de resolver. Basta con poner de un lado lo que se arriesga y de otro lo que se puede ganar.
Las dos opciones son:

APOYAS LOS PRESUPUESTOS:
El PSOE sigue gobernando unos meses más y a ver qué se puede hacer. Un referéndum, no. Pero sí trabajar en alcanzar una mayor autonomía, mayores inversiones para Catalunya y un ir trabajando una posible reforma de la Constitución. Y seguir luchando contra el cerrilismo español. No hablo de los avances sociales porque al nacionalismo catalán no parece importarle gran cosa. Está en una batalla que va más allá de este mundo.
En contra yo no veo nada que no esté en contra ya.

NO APOYAS LOS PRESUPUESTOS:
El PSOE convoca elecciones.
¿De verdad los nacionalistas catalanes están dispuestos a jugar esa carta?
¿No se les pone la piel de gallina sólo con pensar en un tripartito de PP-C’s-VOX?
A mí, al que los nacionalismos se la sudan y el independentismo le parece innecesario si del bienestar de los catalanes se trata, se me ponen los pelos como escarpias.
Si estos tres partidos, acaparadores del 90% del cerrilismo español, ganan las elecciones, Catalunya estará peor de lo que ha estado en siglos, digo siglos, ¡Eh!
Le caerá un 155 o peor, los independentistas detenidos se pueden ir despidiendo de un indulto si hay condena, los huidos serán acosados de todas las maneras, extradición incluida. Y ya sabemos que Europa se está llenando de ultraderecha. Y la campaña españolista en Catalunya será para echarse a temblar.
¿Se imaginan un ministro de Defensa, de Interior o de Justicia de VOX?
Estoy tiritando. De miedo, rabia, asco, pena y tristeza a la vez. Sólo de imaginármelo.
O sea, para mí, la opción está clara.
Pero, claro, una cosa es que en España haya cerriles y otra que en Catalunya se sepa lo que se hace. En Catalunya y en Bruselas, claro está.

Postdata: Antes de acabar, tengo que decirlo, si no reviento.
¿Desde cuándo es bueno para una nave que su capitán ande detrás de la tormenta permanente? ¿Y que en vez de estar en la nave, ande por Bruselas, Berlín, o cualquier puerto con buen ron y voces que te doren los oídos?